Los desafíos de la familia en la era digital – Juan Camilo Díaz B.

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Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL- JUNIO 2018)
Autor:Juan Camilo Díaz B., Universidad de la Sabana, Colombia
Para citar: Díaz, Juan Camilo; Los desafíos de la familia en la era digital, en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio 2018, pp. 182-194.

 

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Los desafíos de la familia en la era digital
Juan Camilo Díaz B. [1]
Universidad de la Sabana, Colombia

@jcdiazbohorquez 

 

 

La tecnología puede traer muchos beneficios si los niños y adolescentes saben usarla. La palabra clave es responsabilidad. Y es uno de los objetivos principales de mis libros Televisión, familia e infancia: estrategias y planes de acción(2014) y  “Los desafíos de la familia en la era digital” (2018), publicados por la Universidad de La Sabana (Colombia) y en donde se plantea que uno de los grandes desafíos educativos que tiene por delante la familia en cabeza de los padres es formar a sus niños para que hagan uso seguro, responsable y constructivo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. No obstante, es una tarea pendiente. ¿Por qué? Durante mucho tiempo se ha arraigado de manera progresiva un concepto: el de chip tecnológico.
Este mito consiste en creer que los niños y adolescentes manipulan los aparatos tecnológicos más fácil que nosotros gracias a una carga en su ADN especial, superior y diferente. ¡Y realmente lo creemos! Estamos convencidos de que niños y adolescentes, por el simple hecho de serlos, cuentan con una especie de “competencia” digital, una especie de predisposición para el uso más eficiente de la tecnología. Sin embargo, eso no es tan cierto. Y esa convicción es la que abre la puerta a que niños y adolescentes corran riesgos en un entorno que ha traído muchos beneficios, pero también muchos peligros. Y sin dejar de lado que para muchos padres de familia su rol debe ser mínimo, ya sea porque no saben cómo alfabetizar digitalmente, porque no tienen opción ya que sus hijos son “expertos” en el uso de pantallas o, lastimosamente, por desinterés.
Tomando como base los libros, desglosaremos el papel educativo de la familia y una descripción de los principales entornos digitales en los cuales se mueven los niños y adolescentes para que finalmente se ofrezcan una serie de recomendaciones. Pero hay que dejar clara una posición desde el principio: la tecnología no es buena ni mala; todo depende del uso.
La familia como educadora natural
Existe una realidad que es imposible de ocultar: vivimos en una sociedad de la información caracterizada por su permanente creación, distribución y socialización, actividades que hacen parte de las dinámicas culturales y sociales.
Y dentro de esa realidad se encuentra la familia, que es concebida desde todas las ciencias humanas como la institución natural base de la sociedad. Gracias a que ella es el hábitat natural del ser humano, cumple una seria de roles muy importantes (educación, solidaridad, generosidad) y es la educadora natural de sus hijos, derecho – deber que se desprende de la generación de vida. “La familia, al ser la educadora natural del ser humano, debe asumir, como en otros temas, la tarea de educar a sus hijos en los temas del uso seguro, responsable y constructivo de los entornos digitales” (Díaz, 2014). Y esta tarea, como las demás, no la puede delegar en terceros. Se puede apoyar (colegio, universidades, ONGs, Iglesia, Estado), pero jamás entregar.
¿Y ese derecho – deber incluye la educación digital? Sí. Al reconocer que la familia es el ecosistema original del ser humano, en donde se ama por lo que se es, sin condicionamientos y en donde se generan unos lazos de amor y comunión, y en donde se debe educar a los más pequeños según los principios y valores que primen, se debe tener en cuenta que los debe educar en todos aquellos aspectos que se requieran, incluyendo los temas digitales.
Es cierto que los padres de familia no sabemos muchas cosas. Incluso el rol parental es desconocido y solo contamos con la experiencia de nuestra crianza y la buena voluntad. Pero ese desconocimiento de muchos temas (sexualidad, matemáticas, valores, ciencias) no ha sido impedimento para buscar que los infantes se eduquen bien, forjen una personalidad y carácter fuertes, estén preparados para los desafíos propios de la vida. Y uno de ellos son los desafíos que presentan los entornos digitales.
Y esos desafíos los debemos comprender desde sus aspectos positivos y negativos. Como se mencionó antes, la tecnología no es buena ni mala. Todo depende del uso que se le dé. Lo que sucede es que tenemos un afán de buscar culpables de muchas situaciones (agresividad, anarquía, falta de respeto) y casi siempre nuestras miradas recaen en las tecnologías. Y hemos llegado a un punto en el cual ya miramos con recelo las aplicaciones (“generan dependencia”), las redes sociales (“espacios de grosería y banalidades”) y de los videojuegos (“generan adicción”), sin mirar más allá. Debemos ser más ecuánimes: ni todo es malo, adictivo y basura, ni todos los jóvenes son un desastre. Así que generalizar solo lleva a hacer juicios equivocados, y depende del uso que cada uno le dé, tal y como funciona para el resto de cosas. Si escojo buenos contenidos, utilizo las redes sociales y las aplicaciones con responsabilidad y buen juicio, abriendo espacio a otras actividades, no hay problema. Pero si consumo, comparto y publico basura, mi concepto será muy negativo.
Por otro lado, debemos reconocer que la tecnología ha traído mucho beneficio: es fuente de información, comunicación, conocimiento e interacción y la generación de una enorme posibilidad de oportunidades de negocio, empleo, riqueza como por ejemplo las aplicaciones que a diario ayuden a que muchas cosas del día a día sean más fáciles.
Pero como en todo, y así como sucede en el mundo real, se debe manejar una serie de criterios de seguridad para que la experiencia sea muy positiva. Podríamos decir que en términos generales la tecnología es segura, ya que existen múltiples acciones que se pueden llevar a cabo para evitar riesgos: aumentar el nivel de privacidad, exigir al proveedor de Internet que configure nuestra cuenta con altos niveles de seguridad, utilizar software y aplicaciones que blinden la información y contenidos, entre otros. Y hay que tomar medidas porque algunas personas realizan actividades y promueven delitos en los entornos digitales. Así, debemos prepararnos para que niños y adolescentes la usen de forma segura, responsable y constructiva. Y la primera responsable de educar para ello es la familia.
Finalmente, en este punto, tenga en cuenta que, si la familia no educa, otros lo harán. Y no necesariamente dentro de sus principios y valores…
La familia, una familia digital
¿Puede la familia ser digital? ¡Por supuesto! Pero hay que dejar claro que una verdadera familia digital no es aquella que tiene todos los dispositivos o la mejor conexión, sino aquella que sabe utilizar la tecnología adecuadamente.
Así las cosas, una familia digital es aquella que convive con los medios y la tecnología, sabe usarla y que la aprovecha para crecer como familia. Para ello debe explorar permanentemente en busca de buenos contenidos, analizarlos, ser críticos, reflexivos y así transmitir esos valores y criterios a los hijos alcanzando un nivel en el cual los aparatos y sus contenidos se convierten en ayuda para la educación y la vida familiar.
Para Prensky, Islas, Piscitelli, Gaitano, entre otros, los adultos y los niños percibimos la tecnología de forma distinta. Según ellos, las nuevas generaciones tienen mejor disposición y menos prevenciones para acercarse a ella, explorarla, manipularla, por lo que desde tempranas edades aprenden a utilizarla con naturalidad.
Y esa naturalidad y rapidez es lo que ha llevado al origen del mito del “chip tecnológico”. ¿De dónde viene esa creencia? Es muy fácil: hoy día vemos, con asombro, cómo niños a edades muy tempranas manipulan dispositivos móviles y videojuegos, y pareciera que lo hacen con una facilidad increíble, y a eso lo hemos denominado el “chip”. Pero tiene una razón evidente: no es que su corazón ahora tenga la forma de la manzana de Apple, sino que simplemente desde muy pequeños, para que no molesten, para que estén distraídos, para que permanezcan callados, les damos el teléfono móvil o una tableta electrónica. Y así, desde muy pequeños, comienzan a interactuar, a explorar, a ensayar y por eso aprenden rápidamente su funcionamiento que, además, es intuitivo.
En definitiva, la familia analógica es cosa del pasado. Ahora debe ser digital, pero para bien, aprovechando las enormes posibilidades que ofrece la tecnología, poniéndolas al servicio de cada miembro y para el núcleo familiar.
Inmigrantes digitales criando nativos (o huérfanos) digitales
Como lo vimos antes, las nuevas generaciones aprenden desde muy pequeños a manipular la tecnología. Y lo hacen una forma más veloz y natural que nosotros los adultos. Esa diferencia es la que ha llevado al origen de los “nativos digitales” e “inmigrantes digitales”.
Los “nativos”, también conocidos como N-GEN (generación en red, “net” en inglés) o D-GEN (generación digital), han nacido y se han formado utilizando la particular “lengua digital” de juegos por ordenador, video e internet. Por el contrario, los “inmigrantes” somos aquellos que por edad no hemos vivido tan intensamente ese aluvión, pero —obligados por la necesidad de estar al día— hemos tenido que formarnos con toda celeridad en ello (Prensky, 2010).
Por ello, los inmigrantes creemos que la tecnología nos ha tomado ventaja, que no tenemos nada que hacer y estamos lejos de orientar a los nativos en su uso y manejo. Y bajo ese parámetro, creyendo que no hay posibilidades, hemos dado espacio a una brecha digital en la cual se crían los “huérfanos digitales”.
Pero hay que tener claro un aspecto: una cosa es manipular y otra muy distinta comprender. Así, hoy los niños y adolescentes se pueden separar en “competentes” y “dependientes” de la tecnología. Los primeros saben lo que hacen, por qué lo hacen y para qué; los segundos, simplemente, comunican, chatean, envían, descargan, pero como un acto mecánico e inconsciente. De esta manera, afirma Howard Gardner, en su libro La generación APP (2013), “los niños y adolescentes vienen reconfigurando su identidad, su intimidad y su creatividad”. Y esa forma de actuar viene dejando una huella digital.
Diferentes estudios, entre ellos el Foro de Generaciones Interactivas de Iberoamérica (2010), aseguran que el 40% de los niños menores de dos años ya utilizan o han utilizado al menos algún dispositivo electrónico, frecuencia que aumenta con la edad ya que, según el mismo estudio, a los 8 años de edad el 72% ya tiene un celular o tableta, incluso ambos. Y con esos dispositivos retratan y/o graban momentos que después comparten en redes sociales, información que es pública y casi imborrable. Así que, sin darse cuenta, cada uno va produciendo una bitácora de su vida, gustos, amistades, viajes, actividades, amores, odios, alegrías, tristezas, etc. La pregunta es: ¿qué consecuencias traerá a futuro que su vida esté documentada en Internet? Solo el tiempo lo dirá…
Usos que niños y adolescentes hacen de la tecnología
En la actualidad buena parte de las actividades del ser humano están relacionadas con la tecnología y mediadas por una pantalla. Y en el caso de los niños y adolescentes, sí que juega un papel fundamental:

 

1. La usan para comunicarse a través del mail, los mensajes de texto, los videos y los audios.
2. A través de Internet y de los dispositivos móviles se informan y adquieren saberes por medio de las redes sociales, la web y los buscadores.
3. Les permite compartir y conocer información propia y ajena.
4. Se entretienen.
5. Consumen.
Como podemos ver, ¡la usan para todo! De allí se deriva la responsabilidad en que la utilicen para bien, de forma segura y responsable.
Padres de familia y educadores: hoy día los riesgos para niños y adolescentes no están solo en la calle, el potrero o el transporte público. Hoy, con toda certeza, podemos afirmar que, además de los ya mencionados, nuestros menores de edad corren muchos riesgos en Internet y otros medios, y esos riesgos están en su habitación o incluso en la palma de sus manos.
El panorama de Internet y las redes sociales: más que herramientas, lugares
Una vez dilucidado el panorama general, ha llegado el momento de verlo a través de cada una de las plataformas más relevantes. Internet y las redes sociales han traído grandes beneficios:
  • Comunicación
  • Facilitan la socialización e interacción.
  • Son una enorme fuente de información y conocimiento.
  • Estimulan los sentidos, especialmente auditivos y sonoros.
  • Se encuentran modelos dignos de imitar.
  • Algunos contenidos incentivan la creatividad, la imaginación y el juego.
  • Muchos contenidos son educativos.
  • En familia, puede llegar a generar lazos de comunicación, conversación e intercambio de ideas.
  • Ofrecen distracción y entretenimiento.
Para nuestro pesar también contiene riesgos. En el caso colombiano, una investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana (2013) indica que el 70% de los adolescentes en Colombia considera que no existe algún tipo de riesgo en Internet y en las redes sociales. Y el panorama es sombrío respecto a los padres de familia: según informes del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia (2016) más del 65% de los padres de familia colombianos no cree que los menores de edad a su cargo están seguros en la web y casi la misma cantidad no emprende ninguna acción de mediación y orientación. Y esto sucede porque reconocen que hay riesgos, pero no saben cuáles son y cómo enfrentarlos (72%). En el caso latinoamericano, los indicadores no son muy diferentes, ya que los diferentes estudios que se han realizado arrojan panoramas similares: niños y adolescentes desconocen riesgos, padres de familia reconocen riesgos, no saben cuáles y por eso no toman acciones.
Veamos entonces algunos de los riesgos que se corren en Internet y las redes sociales, dejando claro que no son propios de esas plataformas, sino del mal uso que algunos hacen ellas:
-Pornografía infantil en línea: Es la representación de la imagen de menores de 18 años en actividades sexuales reales o simuladas, explícitas o sugeridas. Hay que prestarle mucha atención porque según INHOPE, organización internacional que reúne a más de 40 líneas de denuncia de este flagelo, se calcula que en Internet hay más de 300 millones de sitios web dedicados a la pornografía, un riesgo que aumenta considerando que la UNICEF afirma que uno de cada tres usuarios de la web es un menor de edad.
– Grooming: Práctica en la cual un adulto se hace pasar por un infante o adolescente para ganarse la confianza de un menor de edad con un propósito sexual. Consta de cuatro (4) fases: enganche (contacto), fidelización (ganarse su confianza, crear hábitos de conexión y conversación), seducción (proponerle exponer su cuerpo) y acoso (ya con el material, lo sextorsiona).
– Sexting: Intercambio de fotografías o vídeos con contenido erótico entre los propios jóvenes a través de plataformas de mensajes, con las que luego llegan a extorsionarse causando daños psicológicos importantes.
– Ciberacoso: Agresión y maltrato que, en Internet por su carácter global, supone un alcance que puede llegar a generar muchos daños emocionales, sicológicos y sociales, tanto al menor como a su familia y amigos.
Además de los ya arriba mencionados, se relacionan algunos inconvenientes adicionales que se presentan por el mal uso de la tecnología:
  • Dependencia, sedentarismo, obesidad, malas posturas corporales, problemas de visión, audición, desmotivación para jugar, entre otros.
  • Los contenidos no siempre son adecuados, y hoy priman contenidos distorsionados de la realidad humana. Por ejemplo, en las series que nuestros niños y adolescentes ven, primero se expone el sexo y después el amor.
  • Confusión entre la realidad y la ficción.
Antes este panorama, de beneficios y riesgos, son muchas las acciones de prevención y orientación que los padres de familia y educadores pueden tomar, por ejemplo:
  • Fomentar el uso de responsable, útil y recreativo de estas plataformas.
  • Promover el uso de Internet como un medio y no como un fin.
  • Nunca el computador o la tableta debe estar en el cuarto de los niños. Si es así, ¿usted cómo puede supervisar?
  • Utilizar aplicaciones de supervisión parental.
Los videojuegos: más allá del realismo
Los tiempos han cambiado. A finales de los años 70 y toda la década de los 80 muchos de quienes pueden llegar a leer este documento recordarán que nos divertíamos muy fácil: parque, fútbol, cometas, naturaleza y eventualmente Pac-Man y Marcianitos.
Pues bien, estos dos últimos eran los videojuegos de moda, que se fortalecieron con Mario Bros y Súper Mario Bros y todo el desafío de superar N cantidad de mundos y rescatar a la princesa. No exigíamos mucha calidad ni desarrollo de programación porque nos entretenían y ya, y porque estar con los amigos, jugar, pasear, estar con la familia eran más importantes. ¡Qué tiempos!
Pero no podemos vivir de la añoranza del pasado. Si bien eran buenos tiempos, hoy día la tecnología también nos ofrece buenas cosas, y en el caso de los videojuegos debemos reconocer que en la actualidad éstos ofrecen:
  • Alta calidad, desarrollo y realismo
  • Un enorme catálogo de temáticas, situaciones y desafíos
  • Nos permiten realizar cosas que en la vida real es imposible para nosotros
  • Incentiva la persistencia y la perseverancia
  • Puede desarrollar un sentido positivo de la competencia
  • Algunos juegos promueven el trabajo en equipo (incluyendo a la familia)
Sin embargo, en ocasiones no sabemos organizarnos, y como padres de familia no colocamos normas de uso (entendiendo que las normas NO coartan la libertad, permiten organizarla, administrarla responsable y adecuadamente), en consecuencia, dejamos la administración de la consola, los videojuegos y el tiempo a los niños y adolescentes, inmaduros muchos de ellos, generando:
  • Uso indiscriminado de videojuegos
  • Uso de videojuegos no aptos para su edad
  • Pérdida de tiempo, pérdida de interés por hacer otras actividades
  • Inactividad social y por ende debilitamiento de la capacidad de relacionamiento social
  • Menoscabo en el rendimiento académico, en los hábitos de sueño y alimenticios
Así, es claro que debemos ejecutar un plan de acción que incluya:
  • Normas de tipo de videojuegos y tiempo (dos a tres horas a la semana es suficiente).
  • Revisión por parte de los padres de familia de la clasificación de los videojuegos que se van a adquirir o ya se tienen para determinar su pertinencia (los videojuegos tienen una clasificación que se encuentra en la caratula. Van desde la primera infancia hasta solo adultos. Esta clasificación se encuentra en el sitio web de la International Software Rating Board).
  • Creatividad para abrir otros espacios lúdicos y culturales promovidos por la familia
  • Alertas en el cambio de actitud y comportamiento de los infantes y adolescentes frente a los videojuegos: es lo primero que hace apenas se levanta, se enfurece sino se le permite jugar, se muestra impaciente cuando no juega, entre otros. Estos síntomas pueden ser fruto de la ludopatía (adicción al juego) y requieren tratamiento especializado.
Niños y celulares: ¿A qué edad?
Este es un tema sensible y muy delicado ya que desde muy tempranas edades los niños comienzan a pedir un teléfono móvil propio, objeto casi de culto.
Realmente no existe unanimidad académica ni científica sobre la edad propicia para que un menor de edad tenga su móvil. Si bien hay una lógica que responde al sentido común, y es no ver la necesidad de que un niño de 3 o 4 años de edad, por ejemplo, tenga un móvil de alta gama y con plan de datos, también se debe considerar que en muchas ocasiones se deben tener en cuenta circunstancias de la familia, sus desplazamientos, tiempos, entre otros, que llevan a que un infante, a los 8 o 9 años ya tenga su propio dispositivo.
Antes de entregarle a un niño un celular, vale la pena que se realicen y respondan las siguientes preguntas:
1. ¿Es necesario? Analice si es vital. ¿Por qué debe el niño tener un móvil? ¿Cuál es la necesidad?
2. ¿Es responsable? Tiene relación directa con la edad del niño: ¿su edad le facilita asumir con responsabilidad el uso, manejo y cuidado del móvil?
3. ¿Cumplirá? Analice si el niño está en capacidad de cumplir con pactos como no usarlo en clase, no descargar o ver cosas inapropiadas, etc.
4. ¿Cuál celular? Uno básico sin internet, por ejemplo, es ideal y seguro para comenzar a probar.
Ya con el análisis interno en cada hogar, con la reflexión derivada de las preguntas y sus repuestas, se puede tomar una decisión responsable. Aunque es claro que antes de los 10 años tal vez no sea tan necesario y vital.
La televisión: el viejo mueble aún reina
A pesar de la entrada de otras plataformas y pantallas, la televisión sigue ocupando un gran lugar en la vida de las personas. ¿La razón? Recientes estudios indican que se viene incrementando el consumo de contenidos televisivos porque su visualización ya no depende exclusivamente de un aparato denominado televisor: ahora cualquier pantalla es un potencial “televisor”.
Por ejemplo, según informes los hábitos de consumo de televisión se han modificado, entre otras, por las siguientes razones: primero, la funcionalidad de los televisores, la conectividad a internet, el procesamiento de tareas y la reproducción simultánea de contenidos; segundo, la amplia oferta de contenidos, y tercero, que todo lo antes descrito también se puede experimentar en otras pantallas (móviles, tabletas, Pc, portátiles), incluido ver televisión.
Usualmente, la televisión ha sido utilizada como “niñera digital” o como premio y castigo para los niños y adolescentes. Y eso solo ha derivado en que le hemos dado a la televisión un rol muy importante, casi un papel educativo, al interior de los hogares.
Hay que tener claro que el origen de la televisión fue puramente de entretenimiento, no educativo, pero que hoy día reconocemos que puede generar procesos de formación como ha sido experimentado en varios países en donde han diseñado e implementado propuestas televisivas educativas, de aprendizaje, de interacción, con grandes resultados.
Sin embargo, hoy los principales contenidos televisivos que nuestros niños consumen presentan una alteración de la realidad humana. Por ejemplo, en las series juveniles el mensaje usual es primero sexo, después amor. O que cada uno puede ser lo que quiera ser o que ciertos comportamientos son naturales y que responden a la voluntad de cada cual.
Pues bien, esas situaciones, que incluso se presentan en los programas animados (por lo cual no debemos fiarnos), debe llevarnos a ser más cuidadosos de los canales, contenidos y horarios que los niños y adolescentes consumen. Y es más difícil adelantar una supervisión efectiva si el TV está en la habitación de ellos, por ejemplo.
En términos generales, la TV reúne las siguientes características:
  • Entró a casa para nunca más salir: un televisor por cada persona en los hogares.
  • Es la reina del entretenimiento.
  • Niñera electrónica, mueble más influyente, tostadora de cerebros.
  • Ocupa casi todos los espacios.
  • Mezcla ideal: imagen + sonido.
Así, vale la pena ir cerrando y tener en cuenta los planes de acción que facilitaría la acción de supervisión y orientación de padres de familia y educadores.
 
Algunas recomendaciones finales
1. Debemos formarnos en estos temas.
2. Ser críticos y menos dóciles al momento de consumir contenidos en los diferentes medios y pantallas.
3. Mejor enseñar que prohibir.
4. Recordar que las pantallas no son neutras, tienen una intencionalidad comunicativa.
5. Vivir en familia, pasar tiempo juntos, hablar de estos temas.
6. Las pantallas no son la niñera, ni la educadora de los niños y adolescentes.
7. Respetar decisiones y gustos. Para ello hay que formar el carácter.
8. Trabajo conjunto de la familia, del sistema educativo, y de la familia con el sistema educativo.
Otros valores entran en juego…
Así como toda esta tecnología nos ha traído enormes beneficios, también es cierto, como lo vimos, que conlleva riesgos y situaciones que debemos manejar adecuadamente. Incluso se han desarrollado una especie de “pecados digitales”:
  • Pereza – Neflix
  • Vanidad – Instagram
  • Envidia – Facebook
  • Ira – Twitter
  • Lujuria – Tinder
  • Soberbia – LinkedIn
  • Chisme – WhatsApp
Esto es una oportunidad. Como en cualquier otra actividad, los seres humanos debemos poner a prueba una serie de valores y virtudes para que el relacionamiento social, incluido el digital, sea positivo y productivo:
  • El respeto
  • El silencio (es muy útil en la era de la ira…)
  • La prudencia
  • La humildad
  • La generosidad
  • La templanza
En conclusión…
Partiendo del hecho que la familia es la primera educadora del ser humano, y además que, como lo vimos, la tecnología hace parte del ambiente, la socialización, interacción y comunicación de los niños y adolescentes, reconociendo beneficios e identificando riesgos, en conclusión, es recomendable tener en cuenta lo siguiente:
1. Diga no a los “biberones electrónicos”.No se debe delegar la educación y la tarea de mantener ocupados a los niños a los dispositivos electrónicos. Se debe abrir espacio a otras actividades: leer, jugar, crear, amar.
2. Formarse. Una realidad es la existencia de una brecha digital y eso implica que debemos formarnos más, aprender, comprender y aplicar para orientar adecuadamente. Libros, documentos, recurrir a expertos, entre otros.
3. Todo a la vista. Ubicar los dispositivos en un lugar común de la casa. Cuando el computador, por ejemplo, está en la habitación de los niños es muy difícil controlar qué hacen o darse cuenta de un peligro potencial.
4. Tecnología útil. La misma tecnología ofrece software y aplicaciones de gran utilidad para el control parental. Google SafeSearch, Avira Social Shield, K9 Web Protection, McAfee, Norton y otros ofrecen interesantes aplicativos.
5. Todo en su momento y según la edad. Un menor de 13 años no debe tener redes sociales porque queda expuesto a los riesgos ya descritos. Y cuidado con los contenidos de ciertos videojuegos y aplicaciones. Existen clasificaciones según contenidos y tenemos la responsabilidad de conocerlos.
6. Los valores que buscamos vivir y promulgar en la vida real, deben ser también vividos y expresados en la vida online. No debemos manejar personalidades distintas.
7. Finalmente, el ejemplo es muy valioso. No pida aquello que usted no es capaz de hacer. Al llegar a casa, en la mesa, en familia, en el aula, deje sus dispositivos a un lado y genere espacios de encuentro, abrazo, amor y unión. Nada mejor que eso…
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[1] Esposo de Lina Marcela y padre de Juanita, María Paz y Juan José. Comunicador social y periodista. Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Estudios en Argentina e Italia en comunicación institucional, análisis de medios y cultura digital. Conferencista y consultor en comunicaciones de instituciones públicas y privadas. Ex Director de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia para la visita del Papa Francisco. Actualmente es profesor investigador y asesor de comunicaciones del Instituto de La Familia de la Universidad de La Sabana (Colombia).

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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