Santo Tomás de Aquino: Autorrealización humana desde Dios – Juan Ignacio Ovalle, pbro.

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Artículo publicado en la edición Nº 1.178 (ABRIL-JUNIO 2013)
Autor: Juan Ignacio Ovalle, pbro.
Para citar: Ovalle, Juan Ignacio; Autorrealización humana desde Dios en La Revista Católica, Nº1.178, abril-junio de 2013, pp. 137-146.

 

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Autorrealización humana desde Dios
Juan Ignacio Ovalle, pbro.

 

Introducción

 

En el presente artículo, queremos plantearnos la misma pregunta que se hiciera Santo Tomás de Aquino: “¿Es el espíritu finito más él mismo en el Espíritu infinito?”, o dicho de otro modo, ¿es el hombre más él mismo en Dios? Buscaremos caminos de respuesta.

 

El plan de trabajo será plantear la pregunta, problematizarla y buscar caminos de respuesta, desde la obra: “De ente et essentia”. Queremos mostrar que la plenitud del ser finito solo se halla en su vinculación con Dios.

 

Primero plantearé el problema buscando mostrar su gran relevancia, luego haré un acercamiento al pensamiento de Tomás de Aquino, especialmente a su obra “De ente et essentia”. Subrayando la teoría de las causas segundas y la comprensión del ser humano como un ser en relación. Para concluir mostrando como la creatura haya su fundamento existencial y su plenitud de vida en el Creador.

 

1. Delimitación del problema

 

Nuestra pregunta de este artículo podríamos formularla como: ¿Acaso el ser humano se plenifica y se realiza cuando se abre a la relación con Dios? o ¿Vivir en Dios le permite vivir más plenamente su existencia? En último término nuestra pregunta es antropológica, nos estamos preguntando quién es el hombre y a qué está llamado. Nos demandamos por el camino para llevar a cabo una vida más plena, más verdadera, más humana. Y queremos responderla con y desde Santo Tomás.

 

La pregunta no es trivial, ni carece de sentido. Es una pregunta fundamental. Recordemos que la modernidad en buena medida ha querido emancipar al hombre de la religión, ha querido cortar esas “cadenas” que le mantienen aprisionado para pensar y actuar “por sí mismo”. Con cierta razón alguien podría preguntar a los cristianos: ¿Cómo puede acaso ser libre en su pensar y obrar, quien debe regirse en sus pensamientos por un determinado credo y debe actuar siguiendo fielmente ciertos mandamientos? ¿Cómo puede ser realmente él mismo si tiene que someterse a estas imposiciones “externas”? ¿Cómo puede desplegar las alas de su razón quien profesa una religión que da respuesta a las preguntas más profundas de la existencia?(1).

 

2. Perfil del autor y delimitación de la obra

 

Tomas tendrá el gran merito de conciliar la filosofía clásica (aristotélica, platónica) con las exigencias de la fe cristiana. Como teólogo y filósofo, integrará ambas disciplinas. El está convencido de que la fe requiere el servicio de la razón. En Tomás encontramos una teología que se basa en la filosofía, y una filosofía que se corona en la teología. Podemos llamarlo un realista porque parte de lo que las cosas son, existen, de que el ente es y por eso se puede conocer. Parte de la impresión sensible, son los sentidos los que le permiten el conocimiento. Lo primero es la impresión sensible que se obtiene porque el ente es, existe. Hemos de entender ente como el individual concreto existente.

 

Frente a un idealismo de la filosofía que partiría con Descartes, Tomás es metafísico, reflexiona sobre el ser y va como Husserl a la realidad, con pretensión de encontrar verdad. Con Tomás creemos en la existencia de una verdad objetiva sobre Dios, sobre el mundo y sobre el hombre. Y a partir de las capacidades humanas de encontrar verdad queremos buscar dónde se halla la verdadera plenitud del hombre. Lo hacemos en un contexto donde tiende a imponerse “la dictadura del relativismo”.

 

El opúsculo “De ente et essentia” es una obra filosófica de juventud de Tomás, compuesta cuando tendría unos 27 años. Es una lograda y apretada síntesis de filosofía, principalmente de conceptos aristotélicos con alcances de los comentaristas árabes como Avicena y Averroes. Es un resumen de su metafísica, realizada en sus primeros años de profesor universitario para ayudar a los estudiantes de filosofía y a los profesores, convencido de que no hay teología sin una adecuada filosofía. En este opúsculo hallamos todo el pensamiento filosófico de Santo Tomás en una breve síntesis. Compuesto alrededor del año 1254. Para Dominique Chenu “De ente et essentia” es el más famoso de los opúsculos y constituye un breviario de la metafísica del ser. En esta obra Tomás pasa revista a los conceptos filosóficos fundamentales, revisando los conceptos de ser y esencia por ser como los pilares del pensamiento humano. Definirá entre otros conceptos: materia, forma, ente, ser, esencia, naturaleza, genero, especie, diferencia, sustancias simples, sustancias compuestas.

 

Tomás de Aquino se caracteriza, y se refleja en esta obra, por su análisis “dual”: sustancia accidente, forma materia, acto potencia, esencia existencia, creado increado. No están una al lado de la otra, como yuxtapuestas, sino la una en la otra, como imbricadas, como existiendo uno en el otro.

 

El esquema de la obra, por capítulos, es:

 

Proemio
1. El significado de los términos ente y esencia.
2. La entidad de las sustancias compuestas. Como difieren las esencias de las sustancias compuestas.
3. Su relación con las categorías lógicas.
4. Esencias simples y esencias de las compuestas.
5. La esencia de Dios, de los ángeles, del alma humana.
6. La esencia de los accidentes.

 

3. Nuestra pregunta a la luz de “De ente et essentia

 

a) Teoría de las causas segundas, un marco interpretativo

 

El pensamiento tomasiano se enmarca en el contexto de las causas segundas a las cuales Dios ha dotado de realidad, eficacia y legalidad propias. Dios las ha puesto en el ser, les ha dado la existencia como don y como tarea. Dios ha querido dotar a los entes de consistencia propia, no somos “títeres de Dios”, sino seres subsistentes, seres co-creadores de realidad, creatrix essentia(2). Por ende, la coordenada Creador-creatura, causa primera-causa segunda, ha de enmarcar todo nuestro enfoque en este afán de dar respuesta a la pregunta metódica si acaso el ser finito es más el mismo en el Ser Infinito.

 

La filosofía tomista parte desde el ente, que es lo primero en ser conocido. El ente es principio y fundamento de la actividad de la inteligencia. Para Tomás el ente es el punto de partida de todo conocimiento intelectual. Desde los individuales abstraemos para llegar al universal y desde ese universal conocemos nuevamente el singular. El ente es el objeto formal común a todo entendimiento. Además del ente, el primer conocido del entendimiento es la esencia (quiddidad).

 

Revisando los distintos tipos de entes; en lo que podríamos llamar la escala del ser, las sustancias simples son más “elevadas” que las sustancias compuestas (aquellas compuestas de materia y forma). En ambas está la esencia, “pero en las simples de un modo más verdadero y noble, en cuanto tienen el ser más noble; son además causa de las que son compuestas, al menos la substancia primera y simple que es Dios”(3).

 

En su camino pedagógico Tomás señala que el conocimiento ha de ir desde la esencia de las substancias compuestas a la esencia de las substancias simples, “para que por lo más fácil el aprendizaje sea más adecuado”(4). Así el ser humano a partir de las realidades visibles puede elevar su mente y su corazón a las realidades invisibles o espirituales.

 

Tomás enseña que la esencia de las substancias compuestas comprende materia y forma, como en el caso del ser humano, cuerpo y alma (cfr. EE n. 32), mientras que la esencia de las naturalezas simples es solo su forma. Citando a Avicena señala que: “la quiddidad de la substancia simple es lo mismo que la substancia simple”(5).

 

El Aquinate deja claramente establecida esa diferencia entre esencia y ser o entre esencia y existencia, que se da en los entes. Solo en Dios se igualan. Solo en Él, su esencia es su existencia. Señala que incluso en las sustancias simples el ser es distinto de la esencia (o quiddidad); “A no ser que sea alguna cosa cuya quiddidad sea lo mismo que su ser; y esta cosa no puede ser sino una y primera”(6). Así se adentra a estudiar la “naturaleza” del ser de Dios y del ser de la creatura. Señalará  “porque todo lo que es por otro se reduce a lo que es por sí, como a su causa primera, es necesario que exista una cosa, que sea causa del ser de todas las cosas, porque ella misma es solo ser, de otra manera se iría al infinito en las causas, puesto que toda cosa que no es solo ser, tiene una causa de su ser”(7). Así llamara a Dios “primer ente, que es solo ser” y “causa primera” (cfr. EE, n. 34). Esto es fundamental para comprender todo el edificio del pensamiento del Aquinate, Dios es la realidad fundante de toda otra realidad. Todo halla en Él, origen y consistencia, puesto que los entes no se “sustentan” por sí solos, o “a sí mismos”. No obstante, el ser humano es un ser subsistente.

 

En la obra en estudio se va en modo ascendente desde el ente hacia el ser con su culmen en el ipsum esse subsistens, Dios. Y también en el camino descendente desde el ser absoluto al ente, a los modos de ser participados conforme a la potencia en que se recibe.

 

b) El Ipsum esse subsistens

 

Tomás enseña que la esencia puede estar de tres maneras en las substancias. “Uno es el de Dios, cuya esencia es su mismo ser”(8). Dios es “el mismo ser” y su esencia coincide con su ser, no hay en Él limitación, ni imperfección, se le atribuyen todas las perfecciones. Dios por su esencia es “el mismo ser subsistente”, el Ipsum esse subsistens. “El posee todas las perfecciones, que se encuentran en todos los géneros, por ello se dice de Él perfecto simplemente…pero las posee en un modo más excelente que todas las otras cosas, por que en Él son una sola cosa…Dios en su ser, tiene todas las perfecciones”(9). Dios es acto puro, dirá Aristóteles. En Dios esencia y existencia se igualan puesto que el ser de Dios es existir, el Es, siempre ha sido y siempre será, sin determinaciones particulares. Es acto puro, en él no hay potencialidades por llevar a cabo.  Dios es “el Primer Principio, que tiene infinita simplicidad, al cual no conviene la noción de género o de especie, y, por consiguiente, ni la definición, por causa de su simplicidad”(10).

 

A diferencia de los filósofos griegos, Tomás separa a Dios de la creación (ser), es Dios quien da el ser. Dios no es la “última esfera” en el orden de los seres. Los entes son, porque participan del ser, están recibiendo de Dios el ser.

 

c) El ser humano, sustancia compuesta de cuerpo y alma

 

Un segundo modo de estar la esencia en las substancias es en las substancias intelectuales creadas, en las cuales el ser es otro que su esencia, aunque la esencia sea sin materia (Cfr. EE, n. 41). Un tercer modo, de particular interés para nosotros, es como se encuentra la esencia en las substancias compuestas de materia y forma (el hombre entre ellas), en las cuales “también el ser es recibido y finito, por tener el ser de otro; y además su naturaleza o quiddidad es recibida en una materia signada”(11).

 

Para Tomás el ser humano es un compuesto de alma y cuerpo, siendo el alma forma del cuerpo, así “que del alma y del cuerpo resulta un único ser en un único compuesto”(12). Teoría hylemorfica que la Iglesia ha acogido plenamente. Esta idea de unidad del ser humano será expresada por el Vaticano II como “el hombre es uno en cuerpo y alma”.

 

Mientras en Dios se igualan esencia y existencia, en el hombre permanece la tensión entre lo que es y lo que está llamado a ser, entre su naturaleza y cómo él en particular realiza su existencia. Distinctio realis que es fundamental en la obra tomasiana. En esta tensión, signada por la libertad humana, el hombre deviene gestor de su propia existencia. Él es, con Dios, constructor de su propia vida, es un ser relativamente autónomo.

 

d) Seres en relación y gradualidad

 

El capítulo segundo de “El ente y la esencia”, se refiere a las sustancias compuestas, que aunque no sean las primeras en el orden de la realidad, lo son para nuestro conocimiento.  Fundamental para nuestro análisis será entendernos como seres en relación; que los vínculos nos plenifican; como la filiación, la amistad, la hermandad o el enamoramiento. Si bien nos hace dependientes, nos despliegan porque el que se da, crece. El vínculo primero y más primordial, por así decirlo, es con la existencia que hemos recibido de Dios. Él es nuestro fundamento como bien establecido lo deja Santo Tomás. Nuestra relación con él es lo que está de fondo en la pregunta metodológica.

 

El ente está en desarrollo, en camino, en progreso hacia; su esencia no se identifica con su existencia. Yo soy algo determinado, pero a la vez estoy en potencia de llegar a ser, llamado a actualizar mis potencias. Dios, en cambio, no tiene esa potencia. Mientras Dios es infinito, el hombre constata su propia finitud, su limitación. Los entes (creados) poseen el ser limitadamente,  así participan en mayor o menor plenitud del ser. De allí que el ser propio que poseen, lo poseen como participación; que no significa ser parte de un todo, sino tener parte en; se participa al tomar una parte de un todo. Ese todo pertenece a Dios.

 

e) Algunos aportes desde otras obras de Tomás

 

En la medida que el ser finito se abre al ser Infinito, en esa medida crece y se plenifica, sin dejar de ser él mismo, sino hallando su verdadero ser, encontrando su bien. Descubriendo, podríamos decir, su enorme dignidad y la grandeza de la vocación a la que ha sido llamado. En “De Veritate” el Aquinate muestra que el ser finito en la medida que más participa del ser Increado, del Verbo, es más verdadero, más real y más él mismo. Ello porque Dios tiene el ser con más verdad que el ser creado, y a mayor participación (vinculación) en Él, encuentra mayor perfección su propio ser creatural.

 

En el “Tratado de la ley Antigua y Nueva” Santo Tomás, subraya la pedagogía de Dios y la propedéutica del Antiguo Testamento en vistas a la revelación plena en Jesucristo. Y esa ley nueva es en definitiva, en palabras del Aquinate: “la gracia del Espíritu Santo, comunicada interiormente”.

 

En el “Compendio de Teología”, santo Tomás señala que: “Todo lo que existe recibe su ser de Dios (…) Las cosas imperfectas tienen su origen en las cosas perfectas y todo lo que tiene una cualidad por participación se refiere al que la tiene por esencia”(13).

 

Conclusión

 

Tomás se toma muy en serio la libertad humana. La creatura racional está invitada a entrar en relación con su creador, pero por su libertad creatural puede cerrarse al diálogo de amor al que Dios le invita.  Dios nos ha dado una subsistencia propia, nos ha hecho personas individuales y quiere que despleguemos todos nuestros talentos. Él no busca títeres que cumplan mecánicamente sus órdenes. Y nos da la posibilidad de “llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1,12). Esa filiación sobrenatural que hemos recibido en el Bautismo se despliega en la vida cuando movidos por el Espíritu de Dios podemos llamar a Dios: Abbá, Padre.

 

Paradojalmente, el ser humano, para ser pleno debe abrirse a recibir de otros. De Dios en primer lugar y luego de los demás seres humanos y de la misma naturaleza. De ellos recibe la plenitud que anhela y que por sí mismo es incapaz de auto suministrarse. Ese camino de ser uno mismo, de ser aquello que estoy llamado a ser, ha de recorrerse como criatura, como ente finito que existe porque el Ser Infinito ha querido llamarle a la existencia haciéndole participar de su propio ser. De allí que pretender vivir al margen de Dios es en cierto sentido imposible, porque por Él y en Él existimos. Sin Dios, no hay criatura, no hay ser. Y si bien Dios permite, por el misterio de la libertad humana, que le demos la espalda, estamos con ello negando nuestro propio ser. El vínculo con Dios no es solo algo que plenifica la existencia humana llevándola más alto, sino que es la condición de posibilidad de su misma existencia. Negar nuestra realidad creatural, finita y dependiente, es negar la verdad de nuestro propio ser como seres contingentes, que hemos recibido el ser sin pedirlo.

 

Si bien el hombre puede por la sola razón alcanzar cierto sentido para su existencia, comportarse de acuerdo a un código de moralidad y tener cierta felicidad. Iría contra su mismo ser el cerrarse a Dios, fundamento de su existir. Debemos como seres racionales y libres ser buscadores de la verdad. Verdad que los cristianos sostenemos solo haya su plenitud en Cristo. Como señala Gaudium et Spes 22 “Realmente, solo a la luz del misterio del Verbo encarnado se esclarece el misterio del hombre”.

 

El camino de María, modelo de creyente, es un camino de abandono y a la vez de libertad. Ella se ha confiado en Dios. Ha decidido apostar por poner su vida en manos del Creador. Esa actitud es posible en quien se ha descubierto, como los santos de todos los tiempos, amado por Dios. Ese amor expulsa el temor, el temor de que Dios nos quite… nos quite la libertad, la alegría, la capacidad de pensar(14). Quien ha reconocido que Dios es amor, no tiene miedo de dejarse amar, y abre las puertas de su corazón a Aquel que puede dar cumplimiento a las aspiraciones más profundas del corazón.  María ha reconocido que Dios es Dios y se ha dejado inundar del Espíritu(15).

 

A mi parecer la actitud del cristiano y de todo hombre sabio, es la de quien mira a Dios como un niño miraría al mejor de los padres. El niño se comprende a sí mismo nunca solo o aislado sino siempre vinculado, en relación con sus padres y hermanos. El cristiano se entiende de verdad en Dios y en relación a sus hermanos los hombres. Así pues, la respuesta última a nuestra pregunta la podemos hallar en la humanidad de Cristo, Él es el verdadero hombre, el arquetipo del ser humano. En el “Compendio de Teología” Tomás escribe: “El Verbo del Padre Eterno, que en su inmensidad abarca todas las cosas, quise reducirse a nuestra humilde pequeñez sin despojarse de su majestad para levantar al hombre caído por el pecado y remontarle a la excelsitud de su divina gloria”(16).

 

Bibliografía
Santo Tomás de Aquino, El ente y la esencia. Traducción, estudio preliminar y notas de Eudaldo Forment, Eunsa 2006, Segunda Edición.
Santo Tomás de Aquino, Compendio de Teología. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar, Rialp (Madrid 1980).
Dietrich Lorenz Daiber, Los Fundamentos de la Ontología Tomista, El Tratado “De ente et essentia”. Edición Bilingüe, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2005.
Notas

 

1. Ejemplifica esta línea de pensamiento Agustín Squella que escribía en el diario el Mercurio en una columna de opinión: “¿Es posible sin Dios dar sentido a la vida, comportarnos moralmente y alcanzar de algún modo la felicidad? Estoy seguro de que ustedes adivinarán que di una respuesta afirmativa a las interrogantes que incluye ese título. Puede resultar obvio para muchos que sin creer en Dios son posibles las tres cosas antes aludidas, aunque no lo es para todos. Hay un discurso reiterativo acerca de que un ateo no puede dar sentido a su existencia, ni justificar el imperativo de realizar acciones moralmente correctas, ni alcanzar tampoco un estado de felicidad. Y contra ese planteamiento dirigí mis dardos, aunque no voy a explicar aquí -por razones de espacio y también de pudor- por qué considero que mi vida tiene sentido, cuál es la razón para que procure hacer el bien y evitar el mal, y por qué, aunque en ocasiones no luzca contento, soy realmente feliz”.
2. “…quidquid est in Deo, non solum vivit sed est ipsa vita…creatura in Deo est creatrix essentia”. S. Thomae Aquinatis, Super Evangelium S. Ioannis. Comentario, 91.
3. Santo Tomás de Aquino, El ente y la esencia. Número 6. Traducido por Eudaldo Forment. Eunsa 2006, Segunda Edición.  Desde ahora EE, y n. designará el número. EE, n.6: Sed in simplicibus veriori et nobiliori modo, secundum quod etiam esse nobilius ha-beant: sunt enim causa eorum que composita sunt, ad minus substantia prima simples que Deus est.
4. EE, n. 6. Ut a facilioribus convenientior fiat disciplina.
5. EE, n.32: “Quiditas simplicis est ipsummet simplex”.
6. EE, n.33: Nisi forte aliqua res cuius quiditas sit ipsum suum esse, et hec res non potest esse nisi una et prima.
7. EE, n.34: Et quia omne quod est per aliud reducitur ad id quod est per se Sicut ad causam primam, oportet quod sit aliqua res que sit causa essendi omnibus rebus eo quod ipsa est esse tantum; alias iretur in infinitum in causis, cum omnis res que non est esse tantum habeat causam sui esse.
8. EE, n. 38: Aliquid enim est Sicut Deus cuius essentia est ipsummet suum esse.
9. EE, n.40: Immo habet omnes perfectiones que sunt in omnibus generibus, propter quod perfectum simpliciter dicitur…; sed habet eas modo excellentiori omnibus rebus, quia in eo unum sunt…Deus in ipso suo omnes perfectiones habet.
10. EE, n.54: primo quod est in fine simplicitatis, cui non convenit ratio generis aut speciei et per consequens nec diffinitio propter suam simplicitatem.
11. EE, n.45: In quibus et esse est receptum et finitum propter hoc quod ab alio esse habeant, et iterum natura vel quiditas earum est recepta in materia signata.
12. EE, n.37: Ita scilicet quod ex anima et corpore resultat unum esse in uno compositio.
13. Santo Tomás de Aquino, Compendio de Teología. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar. c. 68.
14. El Papa Benedicto lo reflexiona diciendo: “¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? (…) quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Solo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Solo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Solo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. (…) ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo” (Homilía en el inicio de su pontificado, 24 abril de 2005).
15. Benedicto XVI lo expresa señalando: “María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios” (Homilía, 15 de agosto de 2005).
16. Santo Tomás de Aquino, Compendio de Teología. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar. c.1.

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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