Tertuliano, el polemista – Sergio Zañartu, s.j.

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Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO- MARZO 2014)
Autor: Sergio Zañartu, s.j.
Para citar: Zañartu, Sergio; Tertuliano, el polemista, en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 59-62

 

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Tertuliano, el polemista
Sergio Zañartu, s.j.

 

Si nos fijamos en el diario de Perpetua mártir en el año 203 y en las actas de su martirio, para algunos cristianos cartagineses el martirio era una perspectiva bastante cercana, hasta entusiasmante. Tertuliano está entre ellos. Así exhorta al martirio, del que no se deberá huir, y combate a los perseguidores. La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Somos de ayer y ya lo llenamos todo, de tal forma que el imperio sufriría grave daño si los cristianos se retiraran. Muestra el absurdo legal del martirio. Si ser cristiano es un crimen ¿por qué, sin investigar los crímenes que se les atribuyen, se tortura para que se retracten de ese nombre y así absolverlos? Lo que están persiguiendo, pues, es el nombre de cristiano y no los crímenes que eso supondría. Si son fieles a los emperadores y buenos ciudadanos, ¿dónde está el crimen, rechazadas las absurdas e ignominiosas calumnias que corren sobre ellos? En el fondo lo que busca el imperio es que el cristianismo no se propague. ¿Y qué son los dioses del imperio con sus indecentes mitologías, frente al único Dios de los cristianos, trascendente y creador del universo? Hasta “el alma testimonia naturalmente al Dios cristiano” (De anima, 17). Su apología clave es el Apologético, donde ya comienza a explicar cómo Cristo es el Hijo de Dios.
Es un convertido, hombre de moral exigente. Mucho se apoyaría en la ética natural de los estoicos. Era una necesidad de la época delimitar las fronteras del comportamiento cristiano. Había rigoristas “encratistas”, como Taciano en su última época, que negaban a los cristianos el matrimonio, el comer carne y beber vino. En Alejandría, por el contrario, Clemente trazaba en su Pedagogo un comportamiento con simpatía a la cultura del ambiente. Así Jesús le pidió al joven rico que se desapegara en su corazón de sus posesiones, pero no que se desprendiera de ellas. Tertuliano, en cambio, en sus numerosas obras morales, rehuía el contacto con aspectos del mundo, por ejemplo, con el servicio militar. Terminará no admitiendo un segundo matrimonio en caso de viudez.
En la segunda mitad del siglo II explotó en el Asia Menor el movimiento montanista, de tipo milenarista, debido a un tal Montano y a sus profetisas Priscila y Maximila. El Paráclito complementaba lo de Jesús con una nueva profecía, revelación. La venida de Cristo estaba a las puertas, lo que conllevaba una acentuación de la ascesis previa, como ayunos, etc. Tuvieron una jerarquía propia y quedaron excluidos de la gran Iglesia. No sabemos con exactitud todo lo que Tertuliano conoció de ellos, pero vibró con ellos por su gran ascetismo y por la insistencia en el Espíritu, que Tertuliano lo desarrollará como tercera persona de la Trinidad. Escandalizado porque el obispo de Cartago perdonaba el adulterio y toleraba las segundas nupcias, rompió con los cristianos ‘síquicos’ por el 212. Pero no se ve que haya roto con las Iglesias apostólicas que custodian la verdadera tradición que viene desde el principio y que se contrapone a las novedades de los herejes. La regla de la fe y la tradición prescriben contra los herejes, es decir, los descalifican para todo alegato por la verdad. No les corresponde a ellos interpretar la Escritura. Con todo, la ruptura de nuestro autor con su Iglesia, que no parece haber sido herejía sino sólo cisma, echará una sombra descalificante sobre él y no será considerado un santo Padre. Esto no excluye su notable influencia dogmática en la Iglesia latina.
Al parecer, junto con Minucio Félix son los primeros escritores cristianos de lengua latina. Nuestro autor es hombre cultivado, erudito, que al comienzo escribía en griego. En el latín, a veces difícil, de las 33 obras de él que conservamos, encontramos por primera vez centenares de vocablos usados para expresar la fe y experiencia cristiana. Algunos lo han llamado el creador del latín cristiano; nosotros diríamos mejor que lo es del latín teológico como lenguaje estructurado. Pretende mostrar a los latinos, según J. Daniélou, un cristianismo culto, y lo logra. Tiene una acendrada cultura retórica con cierto colorido africano, que incluía conocimientos de derecho. Se destaca su originalidad y la fuerza de su argumentación. Es un luchador apasionado y a ratos genial. Posee un lenguaje sentencioso. Le gustan los contrastes paradójicos, como “creíble porque absurdo” (De carne Christi, 5,4) en referencia a que el Hijo de Dios haya muerto. Desconfía de la filosofía que introduce tantas herejías en la Iglesia, por ejemplo el dualismo platónico, dualismo exacerbado que está de moda en el gnosticismo. Pero nuestro autor recibe influjos estoicos, como que Dios tenga un cuerpo sutil, espiritual, es decir, que sea algo real.
En el campo doctrinal, hasta la herejía de Práxeas, sus principales adversarios han sido los gnósticos y los marcionitas. Ambos atacan al único Dios creador. Para Marción el Creador es el Dios justo del Antiguo Testamento; en cambio, el Dios bueno se revela a través de Jesús. Según nuestro autor en referencia a la Trinidad, “Así Dios quiso renovar el sacramento para que de manera nueva fuera creído ser uno por el Hijo y el Espíritu, ya abiertamente conocido en sus propios nombres y personas, el que antes (en A.T.) era predicado por el Hijo y el Espíritu, pero no comprendido” (Adv. Prax., 31,2). Si los gnósticos excluyen de la salvación la carne, para el antidualismo de Tertuliano, “la carne es el punto capital de la salvación” (De res. mort., 8).
Pero con la aparición de Práxeas cambió el panorama. Su libro Adv. Práxeas sería del 213. Este hereje defiende el Dios único, que es el Padre; el Hijo no se distingue de este. La monarquía es de uno solo. Serán llamados monarquianos o patripasianos (el Padre es el que padece en la cruz). En consecuencia, Tertuliano les parecerá ser un diteísta (dos dioses). Este ataque lleva a Tertuliano a explayar la Trinidad: tres personas distintas, pero un solo Dios, porque la substancia divina es una. Es la del Padre pero participada por el Hijo y el Espíritu en grados diversos según la procedencia. “La economía alinea a tres, Padre e Hijo y Espíritu, tres, pero no por el status sino por el grado, ni por la substancia sino por la forma, ni por la potestad sino por la especie, sin embargo, de una única substancia y de un único status y una única potestad, porque uno es el Dios desde quien estos grados y formas y especies son atribuidos a los nombres de Padre e Hijo y Espíritu Santo” (Adv. Prax., 2,4) [1]. El Espíritu es el tercero porque viene del Padre por el Hijo [2]. Y Cristo es Dios y hombre, dos substancias con sus operaciones respectivas, pero una sola persona. “Es consecuente que comprendamos que el Padre es invisible por la plenitud de su majestad, pero que reconozcamos que el Hijo es visible según la medida de la derivación, así como no nos es posible contemplar el sol según totalidad de su substancia que está en el cielo, sin embargo toleramos uno de sus rayos por lo temperado de la porción que alcanza a la tierra” (Adv. Prax., 14,3). Tertuliano, con vocabulario deficiente, coloreado de subordinación en Dios, es el primero en introducir el vocablo “persona” [3] y contraponerla a “substancia”. Así solucionaba el problema de los cristianos que proclamaban a Cristo como Dios. Da, por tanto, un gran paso hacia las fórmulas futuras. Su refutación de Práxeas es de una oratoria implacable. Se muestra un apasionado por la verdad de la fe. La encarnación salvífica culmina en la pasión-resurrección de Cristo, quien nos derrama el Espíritu santificador.
Tertuliano ya montanista no respeta tanto a la Iglesia de los obispos sino a la de los santos, la del Espíritu (y sus carismas), la de la Trinidad. “Donde están los tres, esto es el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, ahí está la Iglesia que es el cuerpo de los tres” (De Bapt., 6). Basta con tres cristianos, aunque sean laicos, para que haya Iglesia. La Iglesia es madre. Nuestro autor es un gran conocedor de la Biblia, que es su argumento principal. El bautismo da la pauta de la Trinidad, al realizarse tres veces, una vez en cada nombre o persona. “Mandando que se bautizaran en el Padre y el Hijo y el Espíritu santo, no en uno, porque no una vez sino tres somos bautizados, a cada nombre singular, en cada persona singular” (Adv. Prax., 26,9). Siempre es fiel a la regla de la fe, que reproduce tres veces en sus escritos. A pesar de las muchas discusiones que han suscitado diversos aspectos de Tertuliano, creo que actualmente, con juicios más equilibrados, se tiende a revalorizarlo.
NOTAS
[1]Digo que uno es el Padre y otro el Hijo y otro el Espíritu…, pero el Hijo es distinto (otro) del Padre no por diversidad sino por distribución, no por división sino por distinción… o medida, uno respecto al otro. Pues el Padre es toda la substancia, pero el Hijo una derivación y porción (participación) del todo” (Adv. Prax., 9,1s). El Padre es Mayor.
[2] “‘De lo mío tomará [el Paráclito]’ (Jn 16,14), dice (Jesús), como él de lo del Padre. Así la concatenación del Padre con el Hijo, y la del Hijo con el Paráclito hace a tres co-adherentes, uno derivando del otro. Los cuales tres son uno” (ibídem, 25,1). “Así la Trinidad deriva del Padre por grados entrelazados y conectados” (ibídem, 8,7).
[3]Cualquiera fuera la substancia del Sermo, la llamo persona y reivindico para ella el nombre de Hijo, y mientras reconozco al Hijo defiendo que es el segundo después del Padre” (ibídem, 7,9).

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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