Comentario al Mensaje de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales – Mons. Lucio Adrián Ruiz

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Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Mons. Lucio Adrián Ruiz, Secretario del Dicasterio para la Comunicación
Para citar: Ruiz, Lucio Adrián; Comentario al Mensaje del Santo Padre con motivo de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 121-125.

 

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Comentario al Mensaje del Santo Padre con motivo de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
Mons. Lucio Adrián Ruiz
Secretario del Dicasterio para las Comunicaciones

Acompañado de Monseñor Lucio Adrián Ruiz, el Papa Francisco acogió en la Santa Sede a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, junto a su esposa. 29 de agosto de 2016. (Foto de @VaticanNews)

1. Introducción
La realidad es demasiado contundente e irrefutable: Vivimos en un ambiente determinado cada vez más por las tecnologías de la información, que inciden directamente en los tipos de relaciones entre los diversos actores sociales, ya sean personales o colectivos. Originalmente, las relaciones entre las personas comenzaban por la comparecencia de ambas en un espacio común que permitía un diálogo cara a cara en el que concurrían la presencia física de cada cual, el valor de sus miradas y las imprescindibles alternancias de palabras y silencios. Hoy eso ya no pareciera ser imprescindible.
A diferencia del pasado, en la actualidad las relaciones interpersonales pueden comenzar por medio de encuentros virtuales, donde el espacio físico ha cedido lugar al ciberespacio, el mirarse a los ojos se ha sustituido por la contemplación de una pantalla táctil, y ya no se necesita, de modo forzoso, el silencio del otro para expresarse sin ser interrumpido. Desde esto se puede construir una relación intersubjetiva más o menos profunda, más o menos fecunda, más o menos beneficiosa, según aprendamos a utilizarla y a proyectarla también en una presencia física.
Y he aquí el desafío maravilloso que nos plantea el Santo Padre en su Mensaje con motivo de la 53ª Jornada de las Comunicaciones Sociales: sin demonizar ni huir de este nuevo escenario existencial, estamos llamados a aprovechar sus beneficios para humanizar la vida y la cultura, pasando del hecho de ser meros individuos de una colectividad para actuar como verdaderas personas que integran una comunidad.
LEER EL MENSAJE DEL SANTO PADRE
« “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25).
De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana »
2. Una herramienta al servicio del encuentro
El Papa arranca su reflexión desde “la importancia de nuestro estar-en-relación” como carácter esencialmente social del ser humano. Esto queda de manifiesto en la aplicación primordial -aunque no exclusiva- que el desarrollo tecnológico ha tenido en todo aquello que le permite potenciar dicho rasgo intersubjetivo. De ahí que todo lo que facilite, promueva y fortalezca la comunicación entre las personas y entre las comunidades humanas, ha sido objeto de aplicación para las tecnologías que están cada vez más al acceso de todos.
No obstante, el Santo Padre también es consciente del hecho que vivimos en una cultura global donde el egoísmo, el culto al yo y a los intereses propios, mueven parte importante de los mercados y la política en desmedro del bien común. Por eso, el Papa exhorta a utilizar la red, con su acervo de interrelaciones y de conocimiento compartido, como una herramienta al servicio del encuentro entre las personas, para transitar desde las communities o colectivos virtuales, hacia comunidades humanas sólidas, solidarias y comprometidas.
Al mismo tiempo, Francisco afirma que “es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad”. El Papa se refiere concretamente al ámbito digital, muy consciente de que lo comunitario trasciende los bytes e incluso las colectividades particulares. Por eso recuerda que “el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso” y que “si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión”.
Esta reflexión nos lleva a recordar que la comunidad virtual no remite necesariamente a una comunidad subyacente de personas, lo que enciende una alerta respecto de la carencia de formación humana. Muchos, por sentirse incapaces de establecer relaciones sanas o de pertenecer a un grupo o a una comunidad de referencia, cubren tal necesidad por medio de una ilusión digital. De aquí que a la base de un uso sano de internet, las personas deberían disponer de sólidas habilidades sociales, y estas solo se adquieren por medio de procesos de socialización que arrancan desde el núcleo familiar. Al igual que en toda acción humana, en el caso de internet estas habilidades funcionan como agentes de prevención ante cualquier riesgo de sufrir un abuso en la red, y también favorecen a la madurez cívica con la cual todos debemos concurrir al ciberespacio.
Pero más allá de identificar algunos riesgos propios de la red, la mirada del Papa Francisco respecto de ella es eminentemente positiva, porque la considera un punto de convergencia que, a través de la coparticipación responsable, redunda en beneficios para toda la comunidad.
3. Identidad y responsabilidad
Este fenómeno que el Santo Padre describe como coparticipación ayuda a iluminar y a comprender el rol de todos aquellos que integran la red, que ya no son solo usuarios, sino habitantes del continente digital. Hoy, los mismos que en los inicios solo usaban internet, ahora también producen contenidos de formación, información y entretenimiento, así como opiniones que ponen a disposición de los demás. Internet tiene esa característica esencial de apertura, pues permite que las personas obtengan información y que también la aporten.
El Papa Francisco se sirve de las palabras del apóstol san Pablo a los corintios para ilustrar mejor esta dimensión de contribución multilateral, que es también orgánica: “La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad”. Así, la conciencia humana de alteridad se revela como condición de la relación intersubjetiva y como fundamento de la proximidad, y facilita ese encuentro que puede comenzar y/o manifestarse en el intercambio que se da en internet.
Ahora bien, la dinámica de intercambio online se ofrece con una rapidez cada vez más grande. Y es precisamente esa aceleración vivida en la red la que nos exige estar atentos a los fenómenos que ocurren en ella, para prevenir los vicios del sistema, pero, sobre todo, para mejorar cada día el ciberespacio.
De ahí que sea necesario tener clara nuestra identidad como miembros activos de la red y, en consecuencia, también la responsabilidad que conlleva nuestro aporte individual o comunitario, siempre bajo una conciencia de ser ciudadanos que buscan el fortalecimiento del tejido social. El mismo Papa se pregunta “¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?”.
Francisco responde a esta interrogante haciendo una clara distinción entre comprenderse como individuo o como persona. El individuo dice relación con aquella percepción de sí mismo y de los demás como sujeto de derechos orientados al bienestar, mientras que la persona se auto-comprende como miembro de una comunidad donde se busca el bien común. Para el Santo Padre, esto se revela frente al misterio mismo de Dios Uno y Trino: “La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro”.
Por eso, solo a través de la relación con los demás, el individuo podrá vivir aquel proceso humanizador para devenir plenamente persona. Es en ese encuentro con otro de carne y hueso, con un alguien que revela su identidad a través de su rostro concreto, que acontece la plenitud de la intersubjetividad. En esa experiencia de entrar en relación, el ser humano descubre que quien está frente a él, más que una amenaza, es un compañero en el viaje de la existencia.
4. Conclusión
En síntesis, el mensaje que el Santo Padre presenta para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019, invita a asumir de frente la realidad integral en la que no se puede separar vida física de vida virtual, vida dentro de la red y vida fuera de la red. Hoy vivimos en una compenetración de estas dos dimensiones que integran y potencian una sola realidad.
Por eso el Papa insiste en que es enorme la oportunidad que ofrece el nuevo panorama de las tecnologías de la información: “Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza”. Este objetivo, eso sí, necesita tener a la base una disposición permanente de escucha recíproca entre los interlocutores, tal que se constituya un diálogo caracterizado por el uso responsable y respetuoso del lenguaje.
Para poder contribuir a una cultura del encuentro entre los seres humanos es necesaria una visión antropológica desde la persona y que supera la simple visión del individuo. Así, quien se reconozca como persona, habitará la red como ciudadano consciente de construir digitalmente la cultura con todo su mundo circundante, tanto a nivel local como global.
El punto de partida, entonces, está en asumir la realidad, porque lo que no se asume no se redime. Asumirla significa también analizarla, no solo para descubrir sus aspectos positivos y creativos, sino también aquellos negativos y controvertidos. Pero no puede ser solo esto, porque no todo es malo y porque no basta solo con descubrir y analizar la realidad, sino que es necesario actuar. Así, nuestro punto de arranque para el cambio de perspectiva de “individuo” a “persona”, está en la formación de niños, jóvenes y adultos en la libertad. Elementos esenciales de esta antropología personalista están en la dedicación sistemática de tiempo y espacios para hacer posible y efectivo el encuentro.

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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