“Dame la mano, 40 años de Colonias Urbanas”. Un documental que retrata e inspira. – Rodrigo Cordero T., pbro.

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Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Rodrigo Cordero Torres, pbro.
Para citar: Cordero, Rodrigo; “Dame la mano, Cuarenta años de Colonias Urbanas”, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 132-136.
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“Dame la mano, Cuarenta años de Colonias Urbanas”. Un documental que retrata e inspira.
Rodrigo Cordero Torres, pbro. [1]
Arquidiócesis de Santiago

Cuarenta años parecen un período enorme desde nuestra perspectiva, pero solo se reducen a una pequeña parte de la historia. En los últimos cuarenta en Chile ha pasado de todo para nuestra Iglesia y nuestro país, literalmente de todo. Mientras que a nivel social fueron años de dictadura, seguidos de la recuperación democrática, de desarrollo social y económico, en el ámbito eclesial fueron de amplia participación laical, cambios de papas, para llegar finalmente a la crisis actual. Han sido los gozos y esperanzas, sufrimientos y desgracias de nuestro pueblo. Ese es el transcurso que recoge el documental “Dame la Mano” de la joven realizadora nacional Daniela Rojas, y lo hace desde la perspectiva de las Colonias Urbanas impulsadas por la Iglesia de Santiago.
Cuarenta años que no pasan en vano
Al ver este trabajo audiovisual, deslumbran cientos de rostros infantiles como testigos de una rica experiencia social de nuestra Iglesia y emocionan los testimonios de los voluntarios, como relatos llenos de vida y diálogo con la sociedad.
Las “Colonias”, como se conocen popularmente, son una apuesta pastoral y social de gran participación en diversas comunas. Nacieron en 1978 impulsadas por el Cardenal Raúl Silva Henríquez al alero de la Vicaría de la Solidaridad y actualmente dependen de la Vicaría de Pastoral Social Caritas. Estas experiencias de gran descentralización en su gestión, han generado incontables historias de generosidad fraterna ante las carencias materiales, espirituales y afectivas de miles de niños. Junto con ello, esta labor pastoral da cuenta de una evolución en las necesidades de la infancia y de las familias, sus desafíos cotidianos y sus condiciones de vida. El documental que recomendamos aquí tiene un primer acierto: recoger esta notoria transformación social.
Las primeras colonias urbanas se propusieron proveer un tiempo de esparcimiento a aquellos niños que no podían acceder a paseos familiares durante sus vacaciones y tenían que quedarse en sus casas o jugando en las calles. Desde el primer momento, esta carencia venía aparejada a otra más acuciante aún: la alimentación. Y aunque esto es algo que parece distante de nuestra realidad actual, es innegable que hoy persisten desafíos enormes y urgentes para el cuidado de la infancia. Así, la mirada atenta de los voluntarios y sus dirigentes plasmados en 45 minutos de imágenes e historias, va dando cuenta progresivamente de esta transformación, poniendo en evidencia las nuevas necesidades y desafíos, en una sensibilidad que es una de las riquezas de nuestras comunidades eclesiales.
Las colonias urbanas, que ya son un icono del compromiso permanente de la pastoral social en decenas de comunidades de base y parroquias de la Arquidiócesis de Santiago, especialmente en los sectores más periféricos de la ciudad, fueron el material esencial del trabajo de Daniela Rojas. La documentalista, entre otros objetivos, quiso aportar una crítica social al tipo de atención que se presta hoy a la infancia. Para ella, los cambios y políticas en favor de los niños en nuestro país han sido solo “cosméticos”, debido a que hoy mismo, muchos continúan siendo vulnerados en sus derechos de diversas formas. “Si la sociedad chilena hubiese mejorado, la infancia no se vería amenazada”, asevera.
Un documental con diversos rostros
“Dame la mano” tiene como protagonistas a los monitores o animadores de las actividades. Cariñosamente conocidos como “tíos y tías” de las colonias urbanas, han ejercido a lo largo de los años un liderazgo admirado y agradecido por los niños y niñas. De hecho, muchos de ellos participaron primero como “niños colonos”, y crecieron de la mano de sus animadores hasta tener la edad suficiente para asumir dicho rol y, así, continuar con la obra.
El montaje audiovisual intercala valiosas escenas de ayer y de hoy, con cientos de rostros infantiles y juveniles llenos de alegría y vitalidad en medio de juegos tan sencillos como creativos. Los escenarios más habituales son multicanchas deportivas y patios parroquiales polvorientos, pero ricos en comunión y participación. Un acierto es la incorporación de valiosas imágenes de archivo recopiladas desde la Vicaría y material periodístico de Teleanálisis, noticiero de resistencia al régimen militar durante los años 80.
Conmueven las palabras, anécdotas y recuerdos llenos de sentimiento y realidad, como los de aquellos niños que relatan la cruda realidad de sus padres, en medio de la recesión y los precarios programas de empleo estatal. Asimismo, emocionan los colores desplegados en la pantalla por los videos de archivo, en los que reinan las calles ochenteras y los tonos de una televisión abocada a los temas sociales, ambas expresiones de un Chile tan distinto al de hoy.
El documental utiliza una narración que entreteje los testimonios de tres grupos distintos de monitores. Un grupo de inicios de los ochenta, otro de los noventa y uno actual. Estos relatos vivos, recogen parte de la evolución de la sociedad chilena en estas décadas y permiten ver, con sorpresa, cuánto ha cambiado Chile, cuán diferentes son las condiciones y cuán diversos son los desafíos. De hecho, mientras en 1983 un problema central era el hambre, en 2018 el principal problema es la falta de tiempo de los papás y mamás que salen a extensas jornadas laborales. Por otro lado, mientras en los ochenta los juegos de las colonias eran con muy pocos recursos, hoy la colaboración con municipios y la ayuda de distintas instancias incorporan nuevas experiencias recreativas. Las ganas siguen siendo las mismas, el escenario cambia de rostro, pero la esencia continúa.
Daniela Rojas reconoce que en el transcurso de la elaboración de su pieza documentaria, se sorprendió con el ejemplo del voluntariado juvenil. “Estamos hablando de personas que trabajan arduamente a cambio de nada. De jóvenes que, en vez de andar de fiestas, dedican su tiempo libre a cuidar a los niños y niñas de sus barrios. Esa entrega es, lamentablemente, extraña en la sociedad actual, donde prima el individualismo y el consumo”, comenta.
La Iglesia de las pequeñas comunidades
La Iglesia amará a todos los hombres de esta tierra y se sacrificará por ellos; predicará el amor, la justicia y la paz”. Estas palabras del Cardenal Raúl Silva Henríquez registradas en 1983 se reproducen en el filme y reflejan cómo el pastor animaba a los fieles en medio de un país golpeado por las circunstancias históricas. Este tipo de exhortaciones del Cardenal tuvo diversos ecos en los corazones de los católicos de esos años, empujando a una generación marcada por esa voz ronca y profunda, que supo enfrentar los tiempos con pasión y creatividad. En este punto, la búsqueda pastoral, atenta a los acontecimientos, se ve impulsada por el Señor a “salir” al mundo de modos novedosos y pertinentes. Esto se aprecia claramente en quienes fueron monitores en estos años y a lo largo de las cuatro décadas de colonias. El Cardenal, como lo expresa la directora, “representa a todos quienes son capaces de ver más allá de sus narices y de dar vida a los verdaderos valores de la Iglesia Católica”.
Conservando la amistad por décadas, el grupo de animadores encargados de las “Colonias Urbanas don Bosco” en los 80, cuenta cómo por esos años se las arreglaban con pocos recursos, cómo el “cura” hacía de promotor y ayuda de sus proyectos y cómo esta experiencia de Iglesia los marcó para siempre. Esta huella la llevan no solo en la memoria de los cantos y frases típicas de las colonias, sino en un estilo de vida, un modo de ver el mundo, distintivo de los cristianos.

La documentalista Daniela Rojas presenta su obra en el Museo de la Memoria en Santiago de Chile.

Una pregunta para nuestro tiempo
Hoy, cuarenta años después del inicio de las Colonias, otros testigos revelan la vigencia del proyecto pastoral. Jonathan, Catalina y sus amigos, monitores de nuestro tiempo, se reconocen como educadores de niños de sus mismos barrios. Ellos nos recuerdan que si bien las condiciones sociales han cambiado notablemente, la infancia sigue siendo un lugar que requiere de atención y cuidado. Lo que antes fue la precariedad material y social, hoy con otro rostro, persiste en nuevas formas de exclusión.
En la Audiencia General del 8 abril de 2015 el Papa Francisco abordó esta problemática que padecen los países que han ido saliendo de la pobreza extrema: “Tantos niños viven dramas que los marcan duramente, a causa de la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas”. Se trata hoy de carencias sociales, culturales y espirituales, que interpelan al cristiano comprometido y a la Iglesia hoy. Es lo que sostiene María Esperanza, otra joven monitora, que da cuenta de la falta de tiempo que disponen los progenitores para entregarles crecimiento y compañía a sus hijos en el Chile de hoy. Pobreza, al fin, con nuevos rostros.
La observación de los “tíos y tías” de las colonias es muy oportuna para nuestro momento eclesial, marcado por las heridas producidas por los abusos, por el descrédito y la incertidumbre en medio del pueblo fiel. Se trata de un recordatorio muy claro: cuando el cristiano y su comunidad están atentos a los signos de los tiempos, saben detectar cuál es dirección inspirada por el Espíritu Santo para ir al encuentro de los cristos de hoy. Por ello esta experiencia pastoral representa un aliciente y una enseñanza para los caminos que debemos recorrer en el presente.
Hacia el final del documental, la voluntaria Inés Encina sorprende con una reflexión muy atingente a propósito de la crisis del Servicio Nacional de Menores: “¿Por qué tiene que venir una institución (estatal) a hacerse cargo de nuestros niños?”. Es una emocionada interpelación para aprovechar la fuerza que tienen las comunidades sociales y la Iglesia, una potencialidad que pareciera no se ha ejercido en toda su extensión. Ciertamente Inés apunta a un hecho que puede iluminarnos hoy: ¿Cuánto más pueden las organizaciones, cuánto más podemos hacer como comunidad de creyentes, para ayudar a los niños excluidos de nuestro tiempo? ¿Seremos capaces de responder?
Vale la pena ver este trabajo de Daniela Rojas en las comunidades eclesiales, en las parroquias, movimientos, escuelas y universidades, para dejarse conducir por la fuerza de la vida retratada en él y ver oportunidades donde otros solo ven problemas.
 
FICHA TÉCNICA
Título: “Dame la mano. 40 años de las Colonias Urbanas”
Género: Documental
Formato: Video Digital
Duración: 45 minutos
Dirección: Daniela Rojas
Coproducción: Vicaría Social y de los Trabajadores – Cawa producción digital
NOTA
[1] Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago y Comunicador Audiovisual. Actualmente realiza estudios de Educación y Catequética en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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