Robotización de la vida: La ética ante los nuevos desafíos – COMECE

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Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea, COMECE
Para citar: Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea; La ética ante los nuevos desafíos, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 157-166.

 

 

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Robotización de la vida: La ética ante los nuevos desafíos
Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea – COMECE [1]

NOTA DE LA REDACCIÓN
La irrupción de la robótica como instrumento cada vez más presente en distintos ámbitos de la vida, como la industria, la medicina, la agricultura, entre otros, junto con ofrecer enormes beneficios y potenciar las actividades, plantea un creciente cúmulo de preguntas éticas.
¿Qué pasa con el empleo cuando los trabajadores son reemplazados por una industria totalmente robotizada? ¿Que un robot sea autónomo, significa necesariamente también que sea libre y, por ende, responsable de sus acciones? ¿Es legítimo atribuir a los robots “personalidad electrónica” desde el punto de vista de la ley, haciéndolos sujetos de derecho y deberes? ¿Cuánto influye el transhumanismo y el posthumanismo en las agendas legislativas referentes a estas nuevas tecnologías? ¿Cómo se responde a este nuevo escenario? 
Los países más desarrollados ya están enfrentando estos temas, no como un adelanto de lo que vendrá, sino como respuesta a las situaciones que ya se están viviendo cada vez con más frecuencia, y que implicará un impacto profundo en la vida social. Los obispos católicos de las iglesias de la Unión Europea, a través de su oficina COMECE, ofrecieron una primera reflexión oficial sobre este tema desde una perspectiva antropológica cristiana, planteando algunos puntos que permiten iniciar una reflexión sobre el fenómeno mismo y las consecuencias que ya está teniendo.
A. Observaciones preliminares
A.1. Alcance del análisis
El desarrollo de la robotización está ligado a una serie de factores.
1. Dada la complejidad de las tareas que deben realizarse en una sociedad, cada vez se recurre más a herramientas tecnológicas sofisticadas (para la comunicación, el transporte, el tratamiento de la información, etc.). Estas exceden la velocidad y precisión de las acciones y reacciones humanas, así como las capacidades de memoria y percepción. En una sociedad compleja y globalizada de actores cada vez más interconectados, la robotización trasciende los límites físicos y cognitivos humanos en los procesos de toma de decisiones y regulación.
2. La robotización promueve el objetivo de minimizar los costes de producción y de mano de obra.
3. La robotización reduce los peligros a los que están expuestos los trabajadores. Este es el caso, en particular, de las industrias potencialmente peligrosas, así como de la policía y el ejército[2]. El deseo de aumentar el rendimiento y la rentabilidad de los procesos en una sociedad cada vez más compleja y tecnológicamente mejorada ha llevado (al menos en sociedades que pueden permitirse medios tecnológicos sofisticados) a la sustitución gradual de la persona humana por la máquina.
La robotización ya tiene la capacidad de ayudar significativamente al sector de la medicina mediante el reconocimiento y la detección de enfermedades a través de medios rápidos, eficaces y estandarizados. También permite compensar desventajas (por ejemplo, exoesqueletos, prótesis, etc.), administrar tratamientos automáticamente y realizar cirugías con un alto grado de exactitud y precisión, y hacerlo a distancia. A pesar de las ventajas de la robotización, cabe destacar que se ha desarrollado dentro de una cultura que ya no tolera los límites de la persona humana. Los proyectos en los que participan personas asistidas por robots, o personas humanas robotizadas (o “aumentadas”), están motivados por el deseo de liberar a la humanidad de las restricciones biológicas (por ejemplo, resistencia física, capacidades mentales, envejecimiento, etc.) para dominar su ser y su devenir. Es cierto que esto se queda corto con respecto a las filosofías utópicas “trans” o “post-humanistas” que permean ciertas esferas del pensamiento contemporáneo. Sin embargo, la robotización está asociada a, y motivada por la idea de que la persona humana es capaz de transformarse a sí misma para escapar de su condición biológica limitada y frágil, una condición que se considera insoportable y que, por lo tanto, debe ser superada[3].
4. La robotización se desarrolla en el contexto de la “crisis antropológica”, entendida como un cuestionamiento radical de la identidad y de la verdadera realidad de la persona humana. La intensificación de la robotización, con la consiguiente redundancia o transformación de la persona humana, tiene implicaciones para determinadas sociedades y para ciertos grupos de población. Algunas sociedades no tienen medios para acceder a una robotización eficiente, mientras que ciertos grupos o clases sociales, ya sea por razones económicas o por discapacidades físicas o mentales, se quedan atrás debido a su falta de acceso a las tecnologías. Por lo tanto, la robotización de la vida debe ser considerada sabia y críticamente como una oportunidad, pero no como una necesidad absoluta (porque está relacionada con ciertos intereses particulares), y con una preocupación por aquellos que potencialmente se quedan al margen. También hay que señalar que, en algunos sectores, la robotización está impulsada por factores que son ellos mismos reforzados por la robotización que han creado.
A.2. Aclaración terminológica
Los sistemas de datos digitales permiten que los procesos inteligentes puedan replicarse de modo cada vez más amplio. El término “inteligencia artificial” se utiliza como término genérico para estos sistemas. El presente documento se centra en los procesos específicos realizados por robots. Un robot es un sistema que normalmente consta de tres componentes: (1) un sensor que recoge información de su entorno; (2) un procesador, que procesa dicha información; y (3) un efector que puede interactuar con el entorno.
A.3. Diversidad y especificidad de las cuestiones éticas
Las consideraciones éticas que surgen en el contexto de la robotización generalmente son más atingentes a la relación entre ciencia y ética. Hay que reconocer que el desarrollo de la tecnología proporciona un apoyo necesario a los individuos y a la sociedad en el ejercicio de la responsabilidad humana. Para ello, los avances tecnológicos no deben ser demonizados ni rechazados. Lo que se necesita es un análisis ético centrado en el impacto que genera el acelerado y avanzado proceso de robotización sobre el individuo y la sociedad.
B. Cuestiones éticas
B.1. Primacía de la persona, reconocimiento de la dignidad humana
Algunos científicos y filósofos contemporáneos afirman que los robots tienen cierto grado de autonomía en el sentido de que son sujetos que actúan. Por lo tanto, pueden ser considerados dentro de ciertos límites como “agentes morales”, en el sentido de que pueden tomar decisiones susceptibles de ser evaluadas como buenas o malas. Esto daría lugar a problemas éticos.
Durante la vida, una persona humana puede encontrarse interactuando con estos agentes robóticos. Ya no se define la relación hombre-robot en términos instrumentales, con el uso del robot reforzando la acción humana. En cambio, si las personas humanas buscan ejercer control sobre su entorno, necesitan conferir poder a otras entidades, en este caso, entidades artificiales. Esto requiere aceptar que, debido a la mayor autonomía y al actuar de dichas entidades, la acción humana es limitada. Al mismo tiempo, aumentan las acciones sobre las que los humanos tienen control. Esto da lugar a una paradoja: cuanto más aumenta el poder humano sobre el medio gracias a las máquinas, más se priva a los seres humanos de la acción y el control.
Esta paradoja genera una sensación de malestar e impotencia. La dignidad y la centralidad de la persona humana se ponen en tela de juicio. Por lo tanto, es necesario ampliar el principio de las buenas relaciones, que anteriormente regulaba la interacción humana con la naturaleza y otros seres humanos, para incluir a los robots.
A este respecto, se deben dar dos pasos, ambos basados en la idea de la “creaturalidad”.
En primer lugar, así como las personas humanas en su libertad, en sus procesos de decisión deliberativa y en su autonomía son criaturas de Dios, así los robots, a pesar de su “autonomía”, son construidos y programados por humanos. Una persona humana y una máquina cognitiva tienen capacidades específicas para comenzar procesos; pueden relacionarse e interactuar mutuamente, y lo que es más importante, sus actividades pueden estar sometidas a juicio moral y a la valoración de su bondad o maldad -en el sentido de realizar actividades dañinas o inofensivas-. Sin embargo, la máquina actúa solo de acuerdo con su programación originada por una persona humana. Por ello, incluso si la máquina interactúa con o asiste a personas humanas, no es propiamente un agente moral y la responsabilidad última recae siempre en humanos.
En segundo lugar, y lo más importante, lo que rige la relación entre los seres humanos y las máquinas es la primacía y la dignidad de la persona humana. Aunque creada, la persona humana no solo es capaz de relacionarse por sí misma con otras criaturas (tal como los robots están, hasta cierto punto, también programados para hacerlo), sino que tiene la capacidad de cuestionar los criterios y principios sobre los que toma sus decisiones. Es capaz de reflexionar críticamente y de tomar decisiones éticas, como Adán en el Jardín del Edén (Gn 2).
La persona humana es responsable de dar orden y sentido a la creación. La antropología cristiana, arraigada en la sabiduría de la tradición bíblica judeocristiana, articula y desarrolla una visión de la persona humana cuya tarea primordial es preservar y cultivar la naturaleza. Esto fundamenta una ética que no idealiza la naturaleza en un sentido sagrado o romántico. Va más allá de la mera preservación para cultivar, desarrollar e incrementar, en términos prácticos, la creación. Este sentido dinámico del papel de la humanidad en la creación no apoya una ética conservadora, sino una ética orientada hacia el futuro, abierta y responsable de la creación a medida que crece y se desarrolla. Esto promueve una actitud hacia la ciencia y la tecnología que es fundamentalmente confiada y acogedora de la innovación.
Además, hace hincapié en el valor de la libertad de la persona y en la no dependencia de la tecnología a su disposición. Esto se expresa por medio de una actitud críticamente reflexiva y evaluativa de una persona hacia el uso (o mal uso) de la tecnología.
El robot, al menos en su fase actual de desarrollo, no es capaz de hacer esto. Solo puede seguir los procedimientos para los que ha sido programado. En consecuencia, solo la persona humana puede ser considerada una “persona” en el sentido propio, y en su plena dignidad.
B.2 Derechos de los robots
La amplia y variada gama de desafíos éticos que se derivan del uso de los robots por parte de la sociedad se pone de relieve en el debate en curso sobre si se debe conceder a los robots un estatuto jurídico específico y los derechos correspondientes.
El Parlamento Europeo lo ha recomendado en su Resolución sobre normas de Derecho civil en materia de robótica[4]. Propone que los robots más sofisticados y autónomos tengan el estatus de “personas electrónicas”, responsables de reparar cualquier daño que causen. Recomienda además que la “personalidad electrónica” se aplique a los casos en que los robots tomen decisiones autónomas o interactúen de otro modo con terceros de forma independiente.
Hay que decir, sin embargo, que la construcción de un estatuto jurídico para los robots no es convincente. La persona humana es el fundamento y el centro de todo ordenamiento jurídico. Para una persona natural, la personalidad jurídica se deriva de su existencia como ser humano. Esa personalidad implica derechos y deberes que se ejercen en un marco que reconoce, respeta y promueve la dignidad humana. Por lo tanto, la equiparación de los robots a los seres humanos es contraria al artículo 6 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que “todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”.
La petición de que se amplíe la personalidad jurídica a los robots va en contra y socava el concepto mismo de responsabilidad, tal como surge en el contexto de los derechos y los deberes humanos. La responsabilidad basada en la personalidad jurídica solo puede ejercerse cuando existe la capacidad de libertad, y la libertad es algo más que autonomía.
La personalidad jurídica se asigna a una persona natural (como consecuencia natural de su condición de ser humano) o a una persona jurídica (en este caso, aunque una ficción, la personalidad jurídica presupone la existencia de una persona natural o de personas que actúan detrás de la ficción). La personalidad jurídica de los robots rompe las fronteras entre los seres humanos y las máquinas, entre lo vivo y lo inerte, lo humano y lo inhumano[5].
Algunos sostienen que las normas de responsabilidad podrían extenderse a los robots de manera análoga a las normas que rigen la responsabilidad asociada a los animales. Esto representaría un cambio peligroso hacia el reconocimiento de los robots como parte del mundo de los seres vivos. No obstante, los marcos jurídicos existentes que prevén la personalidad física y jurídica ya tienen a su disposición soluciones jurídicas viables, en particular disposiciones sobre productos defectuosos, así como normas sobre la responsabilidad por daños y perjuicios causados por cosas que se encuentran bajo el cuidado de una persona.
C. Enfoque particular
C.1. ¿Cómo cambiará el futuro del trabajo?
Los campos de aplicación de la robótica son múltiples y variados. Algunos problemas éticos surgen en relación con determinados ámbitos de aplicación, mientras que otros son básicos y siguen siendo comunes a todos. Como ya se ha señalado, un ámbito que merece especial atención es, sin duda, el mercado laboral y el impacto personal y social de la robotización. El desarrollo del mercado laboral y la perspectiva de un aumento de los despidos humanos lo convierten en un tema controvertido.
El uso de robots causará un profundo cambio social. Esto será más evidente en el contexto del mercado laboral, donde es probable que las condiciones sufran cambios radicales. Los robots podrán ampliar, incluso sustituir, el trabajo que antes realizaban las personas. Este fenómeno ha sido descrito como la Cuarta Revolución Industrial y está en curso, configurando de manera significativa los patrones de empleo actuales y futuros[6].
Los estudios también predicen enormes cambios en los perfiles de trabajo. Para integrar a los robots, el entorno de trabajo requiere una reorganización y reestructuración que, a su vez, genera nuevos puestos de trabajo que difieren de los perfiles de empleo existentes. Una ventaja del uso de robots en estos nuevos trabajos es que minimiza la exposición humana a procesos de trabajo peligrosos e inhumanos.
No obstante, también hay que señalar que, si bien los robots en el lugar de trabajo traen consigo oportunidades y ventajas, también afectan (a menudo negativamente) a los grupos más vulnerables de la sociedad, en particular a los jóvenes y a las personas con menos educación.
Los robots pueden realizar fácilmente secuencias de trabajo simples y automatizadas que tradicionalmente eran realizadas por trabajadores jóvenes que entraban en el mercado laboral o por trabajadores no cualificados. Esto puede dar lugar a una disminución de la seguridad laboral de estos grupos y a una mayor polarización del mercado laboral.
Las necesidades de la sociedad contemporánea exigen un compromiso renovado con la configuración y regulación del uso de los robots en el lugar de trabajo. Esto requiere que los legisladores estén atentos a una serie de factores: hay que garantizar la seguridad del mercado laboral, hay que respetar el bien común y hay que proteger los derechos de los trabajadores.
El marco jurídico europeo existente establece que el trabajo es un derecho humano y que deben proporcionarse condiciones de trabajo favorables. La dignidad humana, la libertad individual y la solidaridad son fundamentales para estos derechos y dan lugar a la obligación de configurar para el futuro una visión acerca del trabajo centrada en el ser humano.
C.2. ¿Cómo la justicia social y el bien común se convierten en criterios éticos decisivos?
Todo análisis ético debe realizarse teniendo en cuenta tanto las perspectivas individuales como las colectivas. La responsabilidad moral y ética que debe ejercerse en el uso de la robótica se refiere no solo a la primacía de la persona, al respeto de su dignidad y a la salvaguardia de su libre elección, sino también a consideraciones más amplias de justicia social.
La justicia social no se refiere únicamente a la meta final del bien común, sino a cuestiones de distribución equitativa y acceso justo a los recursos del mundo, y aquí la robótica tiene un papel que desempeñar. El peligro con el crecimiento y desarrollo de la robótica es que las diferencias sociales ya existentes se estén exacerbando, las injusticias y desigualdades estén aumentando (especialmente para los más vulnerables) y el logro del bien común se esté frustrando.
La visión antropológica cristiana es una visión basada en la solidaridad y en sí misma proporciona una base para minimizar, incluso superar, los impactos negativos de la robótica, especialmente para los pobres. La idea del bien común no es abstracta. Más bien, toma forma histórica concreta en la percepción, según el contexto, de las necesidades y expectativas de individuos y grupos libres que poseen derechos y deberes.
Por lo tanto, es necesario promover y facilitar un debate abierto sobre el desarrollo de la robótica que considere de manera reflexiva y crítica sus intenciones, aplicaciones y consecuencias[7]. Este debate requiere una participación amplia y variada que tenga en cuenta adecuadamente los diferentes intereses y responsabilidades de los actores clave. No se debe subestimar la contribución vital de la perspectiva basada en la fe cristiana a esta ética pública en desarrollo.
D. Conclusión
En vista de las complejas consideraciones que la robótica presenta para la humanidad, las respuestas simples no son útiles. No puede haber una aceptación incondicional o enfática de estas nuevas tecnologías, ni puede haber un rechazo absoluto de las mismas, con todas sus posibilidades.
Los desafíos del desarrollo científico y tecnológico exigen una revisión del actual horizonte de principios, un nuevo análisis y una reevaluación de lo que antes se consideraban normas “establecidas” de comportamiento y práctica. Esto haría que la humanidad reconsiderase sus opciones y prioridades al dirigir las opciones individuales y sociales, la inversión de recursos, así como las oportunidades presentes y futuras.
La primacía de la persona humana basada en el reconocimiento de la dignidad humana constituye la parte central de esta revisión. Es esencial un respeto equilibrado de los avances tecnológicos y una visión clara del compromiso de la responsabilidad humana con el bien común.
Es necesario estar atentos a este campo en desarrollo de investigación e innovación y acompañar a sus actores y procesos de una manera críticamente reflexiva y constructiva, que busque cultivar una ética pública y promover el bien común.
Esto requiere algo más que un mero análisis de coste-beneficio utilitario de las nuevas tecnologías en sus dimensiones sociales, medioambientales y económicas. Es esencial fomentar el desarrollo de una cultura humanista que discierna los vínculos entre la ciencia y la tecnología y los aspectos antropológicos, culturales y éticos[8]. Solo esta consideración multidisciplinaria de la robótica puede ayudar a aprovechar el potencial de esas innovaciones científicas y tecnológicas de manera que se respete la dignidad humana y se promueva el bien común.
NOTAS
[1] COMECE, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (UE), está formada por obispos delegados por las Conferencias Episcopales Católicas de los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Su misión es supervisar el proceso político de la UE en todos los ámbitos de interés para la Iglesia, y establecer un diálogo con sus diversos actores. La COMECE está asistida en su misión por una serie de Comisiones y Grupos de Trabajo formados por expertos designados por las Conferencias Episcopales nacionales y por organizaciones católicas que trabajan en los campos pertinentes. Su sede está en Bruselas, Bélgica, junto a la sede de la Comisión Europea, el ente ejecutivo de la UE.
[2] La Humanización de los Robots y la Robotización de la Persona Humana. Perspectivas éticas sobre los sistemas de armas letales autónomos y los soldados aumentados (con una selección de textos del compromiso de la Iglesia con los sistemas de armas letales autónomos), Ginebra, Documentos de trabajo de la Fundación Caritas in Veritate, 2017.
[3] D. LAMBERT, “Riesgos y esperanzas de un discurso sobre la vulnerabilidad humana” en Fragilidad, cuéntanos tu grandeza, París, Cerf, 2013, pp. 13-30 (Actas de la conferencia: Sentido o sinsentido de la ‘Fragilidad humana’ en la sociedad europea contemporánea – Parlamento Europeo, viernes 21 de octubre de 2011); Id., “¿Debemos liberarnos de la fragilidad? Preguntas a partir de la robotización de las actividades humanas” en: Ibíd., pp. 101-118.
[4] Parlamento Europeo, Resolución sobre las normas de derecho civil en materia de robótica, 2017.
[5] Contribución del COMECE a la consulta pública del Reglamento de Derecho Civil del Parlamento Europeo sobre Robótica, 2017.
[6] COMECE, Modelando el futuro del trabajo, 2018
[7] Ver Grupo Europeo de Ética de la Ciencia y de las Nuevas Tecnologías, Declaración sobre Inteligencia Artificial, Robótica y “Sistemas Autónomos”, 2018
[8] El término “cultura humanista” tiene que estar conformado por principios fundamentales como: el imperio de la ley, la justicia social, la solidaridad, la responsabilidad y la transparencia.

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