La educación católica en una sociedad plural y secular – Alfredo Astudillo C.

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Identidad, rol y desafíos de la educación católica en una sociedad plural y secular

Alfredo Astudillo C.[1]

En Chile las clases de religión se hicieron obligatorias en el curriculum escolar desde 1° Básico a 4° Medio a través del Decreto 942 de 1983. La libertad de conciencia ayuda a que la clase de religión, aun siendo obligatorio impartirlas en todos los establecimientos, a la vez sea optativa para los padres y estudiantes, quienes deben elegir la asignatura al momento de la matrícula. Eso, hasta ahora, ya que la nueva normativa propuesta por el Consejo Nacional de Educación para 2020, permite que la clase de religión sea ofrecida dentro de las asignaturas electivas para 3° y 4° Año Medio. Esta acción debilita de manera evidente esta clase, toda vez que la hace competir con Educación Física y Salud, Historia y Geografía, Ciencias Sociales y Artes, incorporando dos nuevas asignaturas obligatorias al curriculum: Educación Ciudadana y Ciencias para la Ciudadanía. Ante este escenario, que no favorece la educación religiosa católica, se presenta un gran desafío: posicionarse dentro de otras asignaturas. Por eso, resulta ineludible reflexionar con relación a la identidad, rol y desafíos de la educación católica en el contexto de una sociedad plural y secular como la chilena.
Identidad católica
Es posible entender la Iglesia como una comunidad de fieles que cree, es decir, que posee una fe determinada y se reúne para compartir y profundizar en esas creencias, aunque esa concepción podría aplicarse a cualquier comunidad de creyentes, sean cristianos, judíos o musulmanes.
De lo anterior nace una pregunta radical respecto de qué y quiénes somos como Iglesia. ¿Qué entendemos por el hecho de ser católico? La respuesta no es fácil, porque la la Iglesia es un ente colectivo distinto a los demás, porque junto con su historia y miembros, posee una concepción divina.
Primero, nuestra religión es el cristianismo, es decir, somos cristianos. Luego, antes de preguntarnos qué es ser católico, debemos preguntarnos qué es ser cristiano. La respuesta a ello es relativamente fácil: cristiano es quien cree en Dios Padre, Hijo y  Espíritu Santo (La Santísima Trinidad) y lo acoge mediante el bautismo[2]. Así, la respuesta se muestra como algo simple, aunque no lo es del todo, como será expuesto más adelante.
Al plantear la cuestión sobre qué es ser católico, se toma como punto de partida lo anterior: creer en la Santísima Trinidad, recibir el bautismo de la Iglesia y adherir a la figura del Sumo Pontífice, sucesor de san Pedro y Obispo de Roma. Hasta el momento, al igual que con la consulta relacionada con el cristianismo, se ve simple y, al parecer, cualquier persona que acepte lo anterior podría declararse católico. Pero si se cree en todo lo anterior, pero no en la Eucaristía, ¿se es católico? Eso, solo como ejemplo, porque nacen muchas más preguntas relacionadas con la fe católica y su praxis en el mundo.
Una de las preguntas fundamentales con relación a ello es ¿quién es el guía, líder y director de la Iglesia? Es decir, a quién la Iglesia debe tener como referente. Claramente, la respuesta esta vez sí es simple: Jesús. Esto transforma a la Iglesia en Sacramento de Comunión. Es verdad que la Iglesia posee una jerarquía y roles determinados que emanan de la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, pero también es verdad que la figura de Jesús de Nazaret es quien le da vida, sustento y sentido y la invita a vivir esa sacramentalidad en comunión con el otro, con el prójimo y de manera abierta al mundo (Cf. Mt 28, 19), sin discriminar ni excluir (Cf Lc 19, 1-10). Los católicos, además, creemos que la Iglesia es custodia del así llamado Depositum Fidei, al cual se refiere san Pablo en sus dos cartas a Timoteo (1Tim 6,20; 2Tim 1,14), referencia con que valora las enseñanzas de los apóstoles y la tradición cristiana. Es un depósito que debe ser resguardado, por ello, toda institución católica debe protegerlo, hacerlo vida y evangelizar teniendo como norte a Cristo y sus enseñanzas, con el fin de proponerlo como opción válida de vida.
El Rol nace desde la Identidad
Juan Pablo II inicia su Constitución Apostólica Fidei Depositum[3] con la frase «Guardar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo». Esta expresión está llena de sentido y posee un peso cronológico potente: “en todo tiempo”. Esto quiere decir que la Iglesia, más allá de su ámbito temporal, posee como misión guardar el depósito de la fe y así poder evangelizar, ya que sería imposible proponer un sentido de vida si ese sentido de vida no es claro.
De las instituciones educativas católicas se espera que adscriban a la premisa de Juan Pablo II porque, además, poseen otra misión, la de educar, con un matiz que está muy bien definido: «El corazón de la educación católica es siempre la persona de Jesucristo. Todo lo que sucede en la escuela católica y en la universidad católica debe llevar a el encuentro del Cristo vivo»[4]. Aquí cabe otra pregunta, tan radical como la anterior: ¿Es lícito para una institución educativa que se declara católica educar sin resguardar el Depositum Fidei y sin tener a Jesús como punto de encuentro y comunión? La respuesta es simple: No.
Esta respuesta posee una fundamentación bastante concreta: ser una institución de educación católica conlleva una identidad, es decir, una forma de ser con ciertos principios intransables. Es verdad que se está viviendo en un mundo globalizado y, como consecuencia, algunos fenómenos permean la sociedad chilena de manera más rápida, como por ejemplo, la secularización, el ateísmo, la ideología de género, la legalización del aborto, etc. No es menos verdad que la Iglesia es hija de su tiempo y, por ende, debe mantener un diálogo efectivo con las minorías de toda índole; ser la voz los oprimidos, acoger a todo ser humano por el solo hecho de ser persona y, sobre todo, ser inclusiva, una característica que emana de las enseñanzas de Jesús y de su tradición. El problema se presenta cuando, por desear más diálogo e integración en nuestra realidad tan secularizada, se pierde la identidad católica.
Rol de la Universidad y Escuela Católicas
En el caso de las universidades católicas, Juan Pablo II da algunas notas esenciales de lo que deben poseer: «a) una inspiración cristiana por parte, no solo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal; b) una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones; c) la fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia; d) el esfuerzo institucional a servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida»[5].
Este marco no deja mucho a la especulación, más aun al ser solicitado que el mensaje sea fiel a la tradición de la Iglesia. Luego, es presentado un aspecto fundamental y que a veces es olvidado: la fidelidad al mensaje. En una sociedad multicultural, cosmopolita y secular, es fácil perder de vista el mensaje propio, para abarcar y, de tanto en cuanto, agradar al otro. Suele ocurrir que es visto de manera errónea el hecho de poseer una identidad y no renunciar a ella, toda vez que ser de una determinada manera, creer en ciertas cosas o poseer un gusto por algo, ofende a las personas que no poseen dicha identidad o parecer.
Así, una universidad que se dice católica no podría renunciar a su identidad en pro de la aceptación de nuevas identidades, porque estaría dejando de ser lo que es, para ser algo que no es. Lo paradójico de esto es que existen grupos sociales que no pertenecen a la fe católica y exigen que las instituciones confesionales católicas dejen de lado algunas prácticas como, por ejemplo, misas o asignaturas de formación religiosa. También les es requerido que renuncien a su identidad. La universidad que se define como católica puede dejar de lado algunas cosas que son mal llamadas accesorias, pero su misión evangelizadora, forma de presentarse en el mundo y el resguardo del Depósito de la Fe, son cuestiones irrenunciables. Resultaría ilógico, o mejor, incoherente, que una universidad católica, al construir un nuevo campus, no destine un espacio para un oratorio porque no es “bien visto” por la comunidad estudiantil y eso redundaría en una baja de la matrícula, por ejemplo.
En la escuela católica ocurre lo mismo, porque ella también está llamada a evangelizar por medio de la educación, la que por su naturaleza necesita de la apertura a otras culturas. Al mirar la sociedad chilena actual, marcada por las oleadas migratorias, se percibe la riqueza que aporta la presencia de hermanos de distintas religiones, culturas e historias de vida, y eso trasunta en una riqueza social. De hecho, la escuela católica en Chile se está beneficiando a través de este fenómeno, pero esto debe hacerse sin perder identidad, eso es, sin caer en el relativismo: «Esto es válido en todos los contextos donde se verifica la presencia de la escuela católica […] se les solicita una capacidad de testimonio y diálogo, sin caer en el riesgo de un cómodo relativismo, según el cual todas las religiones son equivalentes y representan manifestaciones de un Absoluto que nadie puede verdaderamente conocer»[6].
La escuela católica posee una identidad nacida de una tradición fundada en los apóstoles que dieron sus vidas por conservar su identidad siendo fieles al mensaje de Jesús. Es decir, la fidelidad a la identidad católica conlleva siempre a una dimensión de sacrificio a imagen de Jesucristo: «[…] el anuncio del Evangelio estará siempre bajo el signo de la cruz: esto es lo que los discípulos de Jesús han de aprender una y otra vez en cada generación. La cruz es y sigue siendo el signo del ‘Hijo del hombre’: a fin de cuentas, la verdad y el amor no tiene otra arma en su lucha contra la mentira y la violencia que el testimonio del sufrimiento»[7].
Margen de actuación
Resumiendo, ¿cómo deberían actuar las instituciones de educación católica frente a los cambios sociales propiciados por la secularización y la pluralidad? En razón a su fe, con máxima apertura, caridad e inclusión, sin perder identidad ya que es imposible que exista pluralidad sin identidad. Es viable renunciar a algunos aspectos de cómo evangelizar, pero no es posible renunciar a evangelizar. Haciendo un símil con la eucaristía, en ella, lo que cambia son las notas esenciales, pero no las accidentales, de esta manera, el pan y el vino saben a pan y vino, huelen a pan y vino; se ven como pan y vino, pero no son pan y vino. Lo que debería cambiar en la adecuación del mensaje cristiano en su versión católica, es lo accidental y no lo esencial.
Sólo como ejemplo, un tema muy complejo es el de género o gender, la Iglesia y la educación católica deben aceptar a la persona que está detrás de esta concepción de vida, pero ¿eso significa ir en contra de lo que la Iglesia piensa y hacer apología de esa concepción? Claramente no, pero ¿cómo actuar? La Iglesia propone una manera de acoger a las personas en el marco de la educación católica: “Un punto de encuentro es la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta. Se trata de una educación a la ciudadanía activa y responsable, en la que todas las expresiones legítimas de la persona se acogen con respeto.”[8] Una manera de actuar bastante coherente con el mensaje cristiano, el respeto y la aceptación de la persona priman por sobre cualquier creencia, pero también hace un llamado a tener cuidado con esta visión: “…la desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural[9]. La persona es lo que importa, eso debe ser repetido, pero, ¿da lo mismo la visión de persona que poseemos? Nuestra visión antropológica es la que nos permite amar al prójimo como a uno mismo (Cf. Mt 22, 39), ¿debemos renunciar a ella en pro de la pluralidad o secularidad?
En definitiva, el rol de las entidades educativas católicas en un mundo plural y secular, más allá de lo definido por el magisterio y la tradición de la Iglesia, es ser un puente, una especie de bisagra que ayude a unir los dos mundos, el terrenal y el divino, la cual, permita una convivencia y comunión plena. Para llegar a eso, es necesario hacer algunas renuncias, la pregunta salta a la vista: “¿a qué renunciar?”, a todo lo que sea necesario para lograr ese objetivo, Jesús mismo no tuvo miedo de ir en contra de la ley (Cf Mc 2, 27), pero no perdió su identidad, la cual, se cree, es la identidad de lo que el ser humano debe ser. Es necesario ceder a cuanto se pueda, en virtud de construir un mundo mejor, dejar que el Reino de Dios actúe, aunque no es posible ceder a los que se es y hay dos  razones muy simples, las que ya han sido expuestas en esta comunicación: a) si todos cedemos en todo y renunciamos al ser y a la identidad, deja de existir la diversidad, ya que no es posible la diversidad sin identidad, b) los fieles cristianos católicos creen que el cristianismo y la catolicidad son opciones válidas de vida, dan sentido a la misma y mejoran la existencia, ¿cómo el cristianismo podría ser una opción de vida si se amalgama con otras creencias, filosofías de vida, pierde identidad y se vacía el contenido? ¿qué contenido podría ofrecerse si este ya no existe?
El Concilio Vaticano II enseñó bien al dejar algunas cosas de lado, como, por ejemplo, el desuso del latín por la lengua vernácula. No era esencial para la vida cristiana, lo mismo debe hacerse en las instituciones de educación católica, contemplar la vida, reflexionar y así ver qué es esencial en nuestra propuesta, cuidarlo, mantenerlo vivo, hacerlo vida y de esta manera, lo que no lo es, cabría en lo que puede transarse. Así, el rol de bisagra y puente se cumple y el mandato de resguardar el Depositum Fidei, también.
Desafíos para hoy
De frente a la creciente pluralidad de la sociedad chilena, junto al agnosticismo, anticlericalismo y desapego por todo lo que represente cualquier tipo de religión institucionalizada, se presentan desafíos y oporunidades para la educación católica local.
El primer desafío es ser pertinente, es decir, la educación católica debe ser oportuna, vivir el momento y no caer en anacronismos, porque ser tradicionales no es lo mismo que “tradicionalistas”. Otro reto es el de configurar, o sea, construir una imagen de mundo basada en el amor y la aceptación del otro, es decir, desde el encuentro con Dios vivo y, así, educar al encuentro con el prójimo en un clima de sana convivencia.
También se debe ser dialogante, porque el diálogo permite reflexionar con relación a la propia fe, y a partir de las respuestas que nazcan de la reflexión, oír lo propio de otras creencias sin cuestionamientos superficiales. Es importante que, además, la educación católica posea un acento hacia la trascendencia, ya que en un mundo tan inmediatista como el nuestro, es importante que los estudiantes puedan razonar y meditar sobre el sentido de sus propias vidas y hacia dónde van sus intenciones, cuáles son los alcances de sus propios actos y la categoría de lo divino.
Otra rasgo deseable es que sea fraterna, que piense en el bien común, en lo que le hace bien a la comunidad, que sea capaz de donarse de manera real y concreta, con gestos claros y visibles. Así podrá convertirse en referente valórico. De hecho, el momento que vive la Iglesia chilena es propicio para que vuelva a tomar conciencia que la educación es un lugar favorable para frenar el relativismo moral y propiciar la educación en valores como la dignidad de la persona humana, la justicia, la familia y el matrimonio.
Por último, en la escuela se ha de reforzar la clase de religión, distinguiéndola claramente de aquel talante catequístico que ha favorecido que sea cuestionada. ¿Tiene sentido tener pastoral dentro de la escuela si en la clase de religión se hace catequesis? La clase de religión debe dar un golpe de timón hacia una variante más cultural, cercana a materias como filosofía de la religión, sociología de la religión, religiones comparadas o historia de las religiones. Viendo el escenario actual de la clase de religión, no es ya sostenible una clase, solamente, dogmática y doctrinal.
En definitiva, las demandas de la sociedad actual invitan a las instituciones de educación católica a dialogar y revitalizar nuestras prácticas educativas, sin perder identidad y sin vaciar nuestros contenidos, apuntando al desarrollo espiritual de los educandos, lo que conlleva la tarea de repensar la pastoral educativa y transformarse en una comunidad que de verdad vive y celebra la fe en Jesús Resucitado.
NOTAS
[1] Profesor de Religión y Moral de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Doctorando en Política y Gestión Educativa en la Universidad de Playa Ancha de las Ciencias de la Educación. Actualmente se desempeña como Profesor de Religión y Moral y miembro del Equipo de Formación en la Escuela San Ignacio de Loyola, Valparaíso.
[2] El Catecismo de la Iglesia en el N°1213 dice: “El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis ianua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2, 2,5).”
[3] Constitución Apostólica Fidei Depositum del Sumo Pontífice Juan Pablo II. Para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. 1992.
[4] Instrumentum Laboris. Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva. Congregación para la Educación Católica. 2014.
[5] Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae del Sumo Pontífice Juan Pablo II.  Sobre las Universidades Católicas. 1990.
[6] Educar al Diálogo Intercultural en la Escuela Católica. Vivir Juntos para una Civilización del Amor. Congregación para la Educación Católica (de los Instituto de Estudios). 2013.
[7] Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Madrid 2011, Ediciones Encuentro. P. 64.
[8] «Varón y Mujer los Creó». Para una Vía de Diálogo sobre la Cuestión del Gender en la Educación. Congregación para la Educación Católica (de los Institutos de Estudios).2019.
[9] Op. Cit. Nota 5.

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About La Revista Católica

Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

24 thoughts on “La educación católica en una sociedad plural y secular – Alfredo Astudillo C.”

  1. Andrea dijo:

    Interesante artículo, invita a reflexionar. Un valioso aporte para los tiempos que vivimos.

    1. Alfredo dijo:

      Gracias!!!!

  2. Patricio Olguín L. dijo:

    El artículo hace una buena descripción de la clase de religión actual y el protagonismo que debería tener para enfrentar las ideologías anticlericales, que buscan terminal con ella. La iglesia debe tener claro su rol evangelizadora en estos tiempos, teniendo claro que Cristo fue inclusivo sin marginal, pero quienes imponen las nuevas corrientes son los que más marginan no aceptando visiones distintas.

    1. Alfredo dijo:

      Muchas gracias!

  3. Francisco. dijo:

    Interesante…

    1. Alfredo dijo:

      Qué bueno que le interese!

  4. Jessica Navarro dijo:

    Excelente artículo, muy pertinente y coherente con el escenario actual..

    1. Alfredo dijo:

      Muchas gracias!

  5. Verónica Aedo León dijo:

    Muy buen artículo y de gran aporte.

  6. Javiera dijo:

    Interesante artículo. Una mirada actual de la sociedad chilena y donde la educación religiosa escolar está inmersa. Creo que uno de los desafíos es la construcción de la identidad, y poder verla plasmada en nuestra práctica educativa.

  7. Vanessa dijo:

    Encuentro que muy simplemente se expresa lo que deberían ser hoy las escuelas católicas. Evidentemente hay mucho que ahondar pero da pie a la reflexión de quienes trabajamos en ese tipo de instituciones.

  8. Julio dijo:

    En un paso rápido por los conceptos analizados en este articulo, me gustaría resaltar que el rol de las entidades educativas católicas debe estar enfocado en ser un puente que propicie la unión de lo terrenal y lo divino. Es este el punto que debe fundar la educación católica, mas aun cuando reconocemos un contexto caracterizado por la individualidad y el éxito económico.

  9. Paula dijo:

    Buen artículo

  10. Francisca dijo:

    Interensante forma de tocar un tema que está siendo evidentemente evadido por la sociedad actual restándole importancia. Excelente artículo.

  11. Paola Mesa dijo:

    Un gran aporte a quienes dedicamos la labor de educar en colegios católicos. Siento que tenemos enormes desafíos en nuestra sociedad con nuestros niños y jóvenes, frente a espacios de reflexión y diálogo en relación a una educación en valores.

  12. Rony dijo:

    Muy interesante el articulo

  13. Eduardo Lopez dijo:

    Excelente articulo, información propicia a lo que sucede en la actualidad en nuestro país, nos ayuda también a nosotros docentes a generar espacios de reflexión donde nuestros alumnos comprendan la importancia de desarrollar una educación espiritual en nuestra practica educativa.

  14. Cecilia C dijo:

    “…máxima apertura, caridad e inclusión…” Que potente y actual mensaje.
    Excelente artículo.

  15. Pia dijo:

    Excelente artículo. Gran profesional.

  16. Padre Andrés D dijo:

    Un excelente artículo un gran aporte de información.

  17. Pame dijo:

    Buen artículo, muy atingente con el escenario actual.

  18. Bárbara dijo:

    Este artículo es un gran aporte considerando la situación actual de la educación católica. Uno de los planteamientos que más destaco es “repensar la pastoral educativa y transformarse en una comunidad que de verdad vive y celebra la fe en Jesús Resucitado.” Ya que lo manifestado en esta cita nos plantea un desafío que deberíamos tener claro dentro de los objetivos de una educación católica.
    Excelente artículo Alfredo.

  19. Patricio dijo:

    Interesante artículo.

  20. Pia dijo:

    Muy buen artículo. Excelente profesional.

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