OPINIÓN. Llegó la hora de sacarnos la venda – Ingrid Saavedra T.

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Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Ingrid Saavedra T.
Para citar: Saavedra, Ingrid, Llegó la hora de sacarnos la venda, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.424-426.

 

 

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Llegó la hora de sacarnos la venda
Ingrid Saavedra T.
Periodista de Caritas Chile

Han pasado casi tres meses desde ese viernes 18 de octubre, día que marca un hito en la historia de Chile, que será tema de estudio para las nuevas generaciones y que nos tiene de cabeza reflexionando y trabajando en la búsqueda de caminos que conduzcan a la tan anhelada justicia social, dignidad para toda persona y la paz.
Siendo parte de la familia Caritas por muchos años, mi labor diaria es por los más vulnerables y excluidos, en la lucha por lograr un desarrollo humano, justo, solidario y sostenible. Desde mi rol de periodista y comunicadora, he tenido la fortuna de conocer muchas historias de personas, familias y comunidades que me han abierto las puertas de su casa y junto con ello compartido su vida. Cómo duele, cuando ante tus ojos te golpea una realidad que a nadie podría dejar indiferente y te preguntas ¿Cómo es posible que haya gente viviendo en esas condiciones de pobreza, exclusión, vulnerabilidad y, sobre todo, abandono? Me han contado sus problemas, llorado su impotencia y frustración al verse desamparados ante tanta injusticia y no encontrar respuestas a sus legítimas demandas. Entonces, cuando este octubre de 2019 “Chile despertó” y se empezaron a relatar situaciones que para muchos fueron sorpresa, me costó entender la tremenda venda que había en los ojos de quienes parecían estar enterándose de una tremenda revelación. ¡Llegó la hora de sacarnos la venda!
En medio de este despertar social, donde se pide mayor igualdad ante una serie de temas que han tenido a miles de personas bajo total exclusión, Chile se quebró o quizás lo que realmente pasó es que salieron a flote las divisiones existentes, pero que estaban escondidas, dormidas, silenciadas. He leído, escuchado conversaciones, participado en reuniones, revisado redes sociales y preguntado a la gente cómo están, qué sienten, qué esperan. Y es triste el constatar que en medio de esta lucha social se han separado familias, amigos, vecinos y se han generado fricciones en los ambientes de trabajo; apareciendo con ello nuevas brechas.
Se me ha pedido que escriba cuál es el Chile que sueño, luego de vivir esta gran crisis social y es en esta reflexión donde me doy cuenta que teníamos tanto trabajo por hacer y que ahora el desafío es aun mayor, porque está pendiente todo lo no hecho, sumado a lo que afloró con este despertar.
Primero que todo, sueño con un Chile donde todos nos respetemos y aprendamos a reconocernos,  entendiendo que todos valemos por quienes somos y que tenemos mucho para aportar, más allá de cuál sea nuestro apellido y el saldo en la cuenta corriente. Que, de una vez, seamos capaces de entregar una verdadera  educación de calidad para todos, que se centre en la persona, en potenciar su desarrollo y no en seguir un patrón absolutamente obsoleto y muy poco humanista que premia la competencia y el repetir lo aprendido casi robóticamente. Que termine con el envío de jóvenes a la calle desperdiciando sus talentos porque no tuvieron cómo costear los estudios superiores.
Sueño con un Chile donde los trabajadores reciban un salario digno y sean tratados en igualdad, no importando el cargo. Que por fin se termine con el castigo a la trayectoria y edad, empezando a premiar y valorar la experiencia.
Sueño con que salgamos fortalecidos de esta crisis y caminemos hacia erradicar la violencia en todas sus formas, violencia que hoy parte en las cuatro paredes de nuestras casas y sale a las calles en distintos niveles, dando cuenta de una rabia y dolor contenidos, de una profunda falta de amor y cuidado entre nosotros.
Que se termine con el abuso en todas sus formas, abuso que duele, que destruye vidas y marca caminos. Abusos que también son parte de una triste y oscura historia en nuestra iglesia y que nos ha dejado una gran cicatriz. Sueño con un país donde se restablezcan las confianzas perdidas.
Sueño con que este despertar nos ilumine y enseñe a mirar al otro con los ojos del alma, que nos empuje a reconocer las injusticias y dolores, para que el abandono, soledad y pobreza que viven miles de chilenos, adultos mayores, madres solteras y enfermos, deje de ser el “problema” o la “situación” del otro y nos hagamos cargo de lo que nos corresponde, para contribuir a mejorar sus condiciones de vida.
Que el valor de la solidaridad sea la base para cada una de nuestras acciones. En ese sentido, sueño también con que los chilenos aprendamos a ser solidarios todos los días, sin esperar campañas especiales. Desde ese horizonte, sueño también con que los chilenos aprendamos a dejar el individualismo a un lado, salir de nuestras casas al encuentro con la familia, vecinos y comunidades.
Finalmente, sueño con que este momento histórico que vivimos los chilenos, sea un verdadero aprendizaje que nos lleve a cambiar la forma de relacionarnos, valorarnos, nos enseñe a sacar la voz, dar a conocer nuestra opinión con respeto, participar de las decisiones y aprender a caminar juntos teniendo siempre como meta que toda persona goce de una vida digna y plena.

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Publicación teológico-pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, fundada en 1843. Se edita desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago y su periodicidad es trimestral.

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